
A Venezuela nadie le quitará el futuro que merece: el destino histórico de libertad y democracia que le corresponde. La actuación pública y ciudadana que nos atañe es aquella desarrollada bajo los vectores de principios y valores afincados en la verdad.
“No le tengas miedo a la verdad. Porque, por dura que pueda parecerte, por hondo que te hiera, sigue siendo auténtica. Naciste para ella. Sal a su encuentro, dialoga con ella, ámala, que no hay mejor amiga, ni mejor hermana. Ella te libertará”, Helder Cámara.
La verdad debemos asumirla con coraje, eso es clave para enfrentar la trágica coyuntura de dominación que padecemos. Es el faro de la libertad hacia el cual nos dirigimos.
Con arreglo a la verdad y a la conciencia histórica discernimos la hecatombe criminal que nos abruma y concluimos que solamente el ejercicio de la soberanía popular, libremente expresada, es el vector que nos sacará de este juego trancado que vulnera la vida y los derechos de los ciudadanos.
No se dará nunca la reconciliación dentro de la sumisión, ni mucho menos alcanzaremos la convivencia en un esquema autoritario donde se persigue, se silencia y se castiga al ciudadano disidente, y se descarta la verdad.
El objetivo al que aspira el país entero es apartarnos del camino falso de la mentira y enfocarnos en el cabal cumplimiento de la ley y el respeto al Estado de Derecho. Los que obran mal detestan la luz y no se acercan a ella.
Podrá hablarse de transición cuando se dé la libertad plena de los 454 presos políticos y se ponga punto final al régimen criminal que continúa en el poder y que los venezolanos rechazan.
Se han desperdiciado oportunidades de ir incorporando a ciudadanos meritorios que cumplan los estándares de ley y, en su lugar, se sustituye con gente sumisa al interinato ilegítimo.
Vemos con estupor que en un país demolido por una severa emergencia humanitaria, con venezolanos pasando hambre, se pretenda pagar los honorarios de la defensa a los perpetradores de uno de los latrocinios mayores de la historia. Cuidado con eso: moralmente irresponsable e inaceptable.
Tres décadas de tiranía con el saldo de un Estado destruido y una sociedad contra el piso. No se trata de seguir manipulando la conciencia colectiva para dominar, sino de servir mejor, de ejercer el poder desde el servicio al bien común. No se trata del miedo que infundes, sino del bien que construyes.
Pareciera pertinente que, ante el actual experimento fracasado e insólito, se nombre una junta transitoria con gente honorable y capaz, que tome las medidas duras iniciales con consenso nacional y convoque a elecciones.
Hay que finalizar bien lo que comenzó bien.
Un país no es rico porque posee petróleo; es rico cuando tiene educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no robas. En definitiva, la riqueza es conocimiento y respeto. Resulta impostergable liberar a todos los presos políticos, acabar con la represión y avanzar sin demora hacia elecciones generales libres y transparentes.
¡Libertad plena para los presos políticos!
La noticia no descansa y nosotros tampoco
