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1 La estación del desprecio: La palabra exacta es desmantelamiento. Escribo estas líneas con el corazón compungido, no solo por la indignación, sino por el dolor profundo que nace de observar cómo se desvanece el derecho a la lucidez.
El artículo de hoy es sobre el rescate del magisterio, de la dignidad del maestro golpeada por la fuerza de una marea implacable. Lo vivido el pasado jueves 9 del presente mes no fue una protesta común: fue un viacrucis que se inició en la Casa del Maestro en La Asunción el Miércoles Santo, donde los líderes sindicales organizaron una asamblea y posteriormente realizaron el Viacrucis por la Dignidad, comparando su miseria con las estaciones de la Pasión de Cristo. Este jueves, el Estado respondía con la misma moneda de hace dos mil años: hostigamiento y soberbia. Los líderes gremiales en la isla son claros: ante la falta de respuestas satisfactorias, el conflicto no se apaga, se agiganta. Este calvario tiene cifras que queman: según mi investigación, la cesta básica ruge por los $645, mientras el docente venezolano sobrevive con un salario base de apenas $2. Es una aritmética de hambre donde el 0,3% de cobertura salarial representa una sentencia de muerte lenta.
2 El asalto al bolsillo y el hostigamiento en el asfalto
Como si el sueldo de hambre no fuera suficiente castigo, el mismo jueves el destino —o la indolencia— asestó otro golpe: el aumento del transporte a 300 bolívares. Un docente no percibe hoy lo suficiente ni para costear los pasajes de una semana de trabajo. Es el absurdo de un sistema que le exige al profesional pagar por el privilegio de ir a enseñar.
Pero lo que más agobia es el hostigamiento. En Nueva Esparta, en Caracas y otros estados, el escenario fue el mismo: cuerpos de seguridad rodeando a ciudadanos que solo portan hambre y un título bajo el brazo. La tensión se respira en cada esquina. ¿A qué le teme el poder? ¿A una pancarta o al espejo de su propia ineficiencia?
La respuesta fue la vejación de nuestros adultos mayores, docentes jubilados que entregaron su vida al país para tener los profesionales que tenemos hoy, y este jueves fueron agredidos física y verbalmente por exigir una solución a su problema de vida, que no es otra cosa que su derecho constitucional a existir. Nuestros jubilados construyeron Venezuela y hoy es un deber protegerlos del abuso.
3 El naufragio escolar: de Macanao a Antolín del Campo
Nuestro asombro se tornó insoportable en las orillas de la playa. En Antolín del Campo, en nuestro segundo encuentro con los líderes —jóvenes pescadores, mujeres y niños curtidos—, que alimentan al pueblo, pero que no pueden leer su propio destino.
Allí, sentados sobre las redes, escuchamos a dos niños de 10 y 11 años. Uno de ellos venía de Macanao con una respuesta que nos quebró: «¿Sabes leer?» «No, allá en la escuela no van los maestros, y ahí tampoco.»
Como estos, hay cientos de niños que han desertado del sistema, no por falta de voluntad, sino por la ausencia absoluta de un Estado responsable.
Ellos no buscan consignas de ninguna índole ni escuelas vacías de contenido. Estos jóvenes analfabetas funcionales piden con una claridad absoluta: queremos estudiar física, química, matemáticas, leer para entender. Sueñan con una educación formal centrada en el conocimiento y la excelencia, no en la politiquería ni en la imposición de visiones únicas. Ronny, el líder de 22 años: «Me gusta leer, quiero ser bachiller y graduarme en la universidad.» Al unísono, todos dijeron lo mismo: «Igual nosotros, Ronny: el conocimiento es la única herramienta capaz de romper las cadenas de la opresión y la miseria. Tenemos casi todo, pero no tenemos estudios…»
1 Un llamado desde la desobediencia, el rechazo y la formación
A pesar de la fatiga emocional, me niego a tirar la toalla. Como docente, terapeuta e investigadora, formada bajo altos estándares.
Tengo listo, por solicitud de un líder de Antolín, un plan de acompañamiento para identificar dificultades específicas de lectura, escritura y comprensión, con enfoque práctico, para 20 docentes como un enfoque de apoyo ante la problemática planteada, utilizando un enfoque positivo y constructivo de la lengua escrita, con herramientas de interés para niños de 10 y 11 años. Potenciando su autonomía y valor por sus pequeños logros para elevar su autoestima.
1 Conclusión: Resurrección o abandono
No habrá paz en esta Tierra de Gracias mientras el maestro camine un viacrucis eterno entre el aula y la miseria. No habrá progreso mientras el joven pescador viva condenado a la sombra de la ignorancia y el jubilado sea golpeado, vejado, humillado por pedir pan. Destrozado por el hambre, cuando lo que le corresponde es una vejez con la frente en alto, por el orgullo que tras 30 años de servicio entregó a la educación.
Y la respuesta del Estado es el abandono, el robo de sus salarios y los derechos contractuales. Remuneración, prestaciones dignas, libertad de cátedra, desarrollo profesional. Un IPASME que funcione, entre otros derechos violentados. Nuestra respuesta: la memoria y la lucha.
Porque una sociedad que deja morir a sus maestros es una sociedad que ya ha muerto por dentro.
La dignidad no se negocia. Este artículo es un grito de auxilio por el ser humano en todas sus etapas: desde el niño de Macanao sin aulas, hasta el jubilado que no tiene para comprar sus medicinas después de trabajar 30 años enseñando en una escuela.
Mientras quede una pizca de esa formación que nos hizo grandes y una mano dispuesta a ayudar, seguiremos de pie. El calvario no puede ser el final; debe ser la antesala de la resurrección moral que nuestra querida Venezuela clama a gritos.
«La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente.» — Sócrates
Atentamente,
Rosa María López de Marín
Docente Especialista y Terapeuta
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