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OpiniónRafael García Márvez

Paciencia y más paciencia, constancia y más constancia, por Rafael García Marvez

Después de la épica fecha del 3 de enero de 2026, cuando las fuerzas norteamericanas extrajeron a Nicolás Maduro y Cilia Flores y los trasladaron a tierras del “imperio de los Estados Unidos”, como suelen llamarlo los socialistas; bueno, para ser más exacto solían llamarla de esa manera despectiva, pues ahora hay un trato reverencial, excesivamente reverencial; el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, le ordenaron sine qua non a la dirigencia opositora venezolana, que esta era una condición, una orden que no se discutía, sino que se debía cumplir sumisamente.

De modo idéntico, aunque por razones diferentes, esta frase que titula esta nota de hoy de paciencia y más paciencia, su uso más emblemático se atribuye a Simón Bolívar, quien en marzo de 1827 escribió al general, Rafael Urdaneta, copio literalmente: “Necesitamos trabajar mucho para regenerar al país y darle consistencia: por lo mismo paciencia y más paciencia, constancia y más constancia, trabajo y más trabajo para tener patria”. Algo semejante ocurre entre nosotros dos siglos después; que no solo se trata de esperar, tenemos que adentrarnos más allá de lo que pudiera considerarse una simpleza; mantener una actitud serena y tolerante ante tantas dificultades y evidente descaro. Asirnos a los tres pasos: 1) Estabilización 2) Recuperación y 3) Transición, léase elecciones libres, libres en la significación más amplia del término. Si apelamos a una metáfora, la paciencia es el “arte de la esperanza”, pero en ningún momento, ni siquiera por asomo debo interpretar ni imaginar la figura resignada, arrodillada ni sumisa del ganapán… por más que estemos enfrentando a un proyecto a largo plazo o un momento difícil. Para paciencia y más paciencia, pues, constancia y más constancia. Antes de entrar en otros espacios que quede perfectamente determinado, sin vacilaciones, que no se trata en ningún momento ni someramente sea una insinuación para mantenerse en estado parapléjico o catatónico ni inmóvil; no, muy lejos de tal despropósito, de tamaño disparate…

Al mismo tiempo, decía días atrás por este medio, que no debemos perder de vista, que es casi forzoso preguntarse qué implica ese silencio necesario, que hay que poner en práctica, aunque es más placentero decir lo que pensamos que dejarlo a la libre interpretación del lector. Inevitablemente, debemos tener presente que es una cachaza sensata; que no es una apatía de comunicación por olvido o dejadez, sino que es una elección activa de no hablar o no reaccionar de inmediato. Debemos tener íntegramente precisado que siempre hay un objetivo detrás de ese silencio. Puede ser reflexionar, sí, escuchar, generar expectativas y muy importante, en algunos casos, restarle jerarquía a cierta información. De cualquier forma, utilizar la afonía estratégica demuestra lucidez, autocontrol y una intuición subterránea de la dinámica comunicativa en estos ciclos de considerable crispación.

En consecuencia, las relaciones entre el gobierno y la oposición son sustancialmente tensas y beligerantes porque sus objetivos son fundamentalmente opuestos; por lo tanto, debemos admitir que estos escenarios son frecuentes. La lucha por la libertad y la democracia a menudo implican sacrificios y desafíos profundos y la cárcel en otros casos.

Por último, líderes como María Corina Machado han planteado principios fundamentales para avanzar hacia un cambio democrático destacando la importancia de la unidad nacional, la corresponsabilidad ciudadana y la lucha justa por medios reglamentarios. Conjuntamente, se ha subrayado la necesidad de un liderazgo comprometido con valores éticos y políticas que promuevan una economía sana y una sociedad justa…

garciamarvez@gmail.com

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