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Julio César PérezOpinión

No es un aumento: es una condena de hambre, por Julio César Pérez

El régimen chavista repite su fórmula de siempre: un titular inflado para esconder una realidad miserable. No hubo aumento del salario mínimo, que permanece petrificado en 130 bolívares. Lo que anunciaron fue un ajuste en el llamado “ingreso mínimo integral”, que supuestamente escala a los 240 dólares.

Resulta un irrespeto absoluto, un abuso y una ironía sangrienta que hoy hablen de “aumento responsable”. ¿Responsable ante quién? Tienen el descaro de pedir austeridad y paciencia cuando ellos mismos se comieron todo en la fiesta. Gastaron, repartieron, disfrutaron y dilapidaron a manos llenas mientras el país se hundía. Ahora, después de que acabaron con todo y vaciaron las arcas, pretenden dar lecciones de prudencia económica. Hablar de responsabilidad después de haber saqueado a Venezuela no es política, es cinismo puro.

Seamos claros: el “ingreso mínimo integral” no es salario. Es una figura extralegal, espuria e irritante que mezcla el sueldo base con bonos y asignaciones discrecionales. Al no ser salario:
No cuenta para prestaciones sociales, utilidades o vacaciones.
No genera aportes reales a la seguridad social.
Es precario: una limosna institucionalizada que evade la LOTTT y la Constitución.

Salario base sigue siendo 130 bolívares (un monto humillante y bochornoso). El resto: Bonos variables que el régimen puede quitar o poner a su antojo, dejando al trabajador sin derecho a la antigüedad ni al ahorro.

Esta debacle no fue un error de cálculo, fue un crimen planificado. Mientras ellos “celebraban”, desviaron más de 150.000 millones de dólares de las reservas vía FONDEN.
1 Julio de 2005: Con Nicolás Maduro en la AN, asaltaron la autonomía del BCV para usar las reservas como caja chica.
2 Noviembre de 2009: Legalizaron la impresión de dinero sin respaldo, pulverizando el valor de nuestra moneda.
Hoy, una familia necesita cerca de 700 dólares solo para comer. Esos 240 dólares no son un alivio; son una sentencia de miseria crónica dictada por quienes ya se lo robaron todo. Todo esto luego de dilapidar más de un billón de dólares por ingresos petroleros. Impresionante! Más caretablas imposible.

Es desgarrador ver a nuestros abuelos, que levantaron este país, morir en silencio. Trabajaron décadas para hoy elegir entre un plato de comida o la pastilla de la tensión; sus cuerpos no aguantan el hambre ni el vacío de medicinas que no pueden pagar. Junto a ellos, madres que son magas de la escasez sufren la angustia de ver a sus hijos dormir con el estómago vacío. El mes es una eternidad de dolor cuando el “ingreso responsable” se disuelve antes de llegar a la bodega. No es crisis, es el quiebre de un pueblo donde trabajar ya no significa prosperar, sino agonizar para sobrevivir.
Basta de bonos humillantes y de discursos de “responsabilidad” de boca de los responsables del caos.

La solución no es el maquillaje contable del régimen, sino un cambio de sistema radical. La propuesta de María Corina Machado, Venezuela Tierra de Gracia, es la ruta para recuperar la dignidad:
Rescatar el valor del trabajo: Que el esfuerzo se traduzca en ahorro real, no en bonos de hambre.
Iniciativa privada: Generar empleos de verdad bajo una economía de mercado libre.
Seguridad jurídica: Para que nunca más un grupo de saqueadores pueda dilapidar el futuro de la nación.

La transición es impostergable. Venezuela no quiere más limosnas de quienes se comieron la torta y nos dejaron las migajas. Queremos justicia, producción y libertad.

¡Libertad, no limosnas!

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