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María Corina Machado y la reconstrucción de Venezuela, por Luis Almagro

Hace más de una semana me reuní con María Corina Machado en Washington. Fue la primera vez en 12 años que nos reuníamos, por lo cual había muchos temas que analizar teniendo en cuenta las diferentes políticas hemisféricas de esos 12 años.

Ese período tan largo refleja la irracionalidad de la dictadura venezolana, gente que no puede salir y gente que no puede entrar, y esto es simplemente un pálido reflejo de lo que ocurre a cada familia.

La primera reunión en el 2014 fue muy rara, como raro fue el comportamiento de parte de la oposición, más preocupada en algunos casos en jugar en su propia interna que en crear condiciones para la democracia en el país.

En Venezuela todo estaba pendiente en ese momento, pero el asunto que estaba más pendiente de todos era la auditoría del proceso electoral de 2013 que Unasur le había exigido al gobierno venezolano. Esto nunca se hizo y transformó la situación política en conflictiva, volátil y frágil.

Y luego se sucedieron todas las crisis posibles en Venezuela. En un país autoritario se tienen en muchos casos sistémicamente definiciones muy rígidas, lo cual representa un problema en los campos de la política, la economía y la sociedad, esta rigidez agravó la crisis por encima de estándares de la región más que ninguna otra causa, salvo como hemos dicho las políticas fallidas de Derechos Humanos.

Si los políticos venezolanos opositores están genuinamente interesados en revertir las crisis y lograr el cambio político deben analizar no solo las crisis humanitarias y migratorias, sino también los ámbitos de poder institucional y los procesos de desinstitucionalización permanentes que interactuaron para generar las mismas.

La naturaleza del cambio no es fundamentalmente distinta de la calidad del proceso institucional en el que se ingrese; ya sea poder, democracia o humanidad, estos ámbitos comparten los mismos elementos porque todos se rigen por dinámicas estructurales del presente, el pueblo venezolano, el deterioro institucional, la crisis de Derechos Humanos. Por lo tanto, se debe evitar que el conflicto entre la oposición y el régimen, así como las diferencias en cuanto a planes de acción entre los actores políticos opositores obstaculicen el progreso y los cambios para ello.

Cualquier teoría que contemple sistemas complejos se basa en establecer la naturaleza de las conexiones, la conexión entre diferentes grupos que forman parte de la crisis y las dificultades institucionales para abordar problemas muy diferentes pueden producir soluciones o una permanente situación de bloqueo político.

Cuando se intentan explorar caminos comunes para lograr una evolución hacia la democracia en Venezuela, encontramos que los mismos no tienen salida, lo cual demuestra solamente la característica de repetir fórmulas para repetir no-soluciones para la política venezolana. Son varias las dificultades sistémicas que impiden siquiera construir un modelo en el que pequeños cambios, como leves redistribuciones de poder, cambios de calendario electoral o fluctuaciones regionales aparentemente aleatorias, puedan ser parte de una realidad para transformar verdaderamente Venezuela.

El futuro sigue siendo incierto, y la comprensión de la justicia dista mucho de ser completa por parte del Gobierno de Delcy Rodríguez, razón por la cual las predicciones de la oposición a menudo fracasan ya que los ajustes que esperaba se dieran en automático no ocurrieron, simplemente porque en automático no pasa nada en la política.

La historia de la nueva política en Venezuela en el siglo XXI se desarrolla a partir del 3 de enero pero los viejos conceptos de crisis están allí todavía. Aunque esta crisis es más compleja, es respecto a cómo resiste la ilusión de transición en un marco de opresión presente en el sistema actualmente.

Existe un concepto recurrente dentro de ciertos actores “opositores” de buscar soluciones que no significan un camino hacia la Democracia y las garantías constitucionales, sino más bien dinámicas políticas que otorguen más tranquilidad que cambio, con esa ecuación como lógica se asegura la estabilidad del régimen y la estabilidad de las consecuencias negativas que esto tiene. Debido al aparente balance que otorga ese concepto, en ese sistema político tan golpeado es fácil para muchos dejarse engañar por esta idea.

Es obvio que las crisis y las actividades cotidianas de la oposición han coincidido, por lo tanto, los acontecimientos siguen un patrón repetitivo predecible. Es imposible no percibir este sistema político como opresivo, pero luego del 3 de enero existe un convencimiento decreciente de que las circunstancias actuales pueden determinar el curso de los acontecimientos en un tránsito fluido hacia la Democracia. Esto es nada más que una ilusión. Como también es ilusorio pensar que el modelo político en desarrollo se refiere a una conceptualización teórica de un sistema complejo en transición, por ahora es esencialmente la misma gente con un funcionamiento reprimido.

El poder de la dinámica autoritaria venezolana reside en que, cuando quienes ostentan el poder creen que las crisis del siglo XXI han sido prácticamente fruto de la casualidad y no de la causalidad, y en la situación presente se sienten capaces de hacer predicciones acertadas para manejar el país hacia el futuro, lo cual teniendo en cuenta también la dimensión pivotal venezolana puede determinar la trayectoria futura de la región.

El caso de María Corina trastocó todas las predicciones posteriores al 2021 que apuntaban a una normalización de relaciones con la dictadura venezolana, para los Estados Unidos sería simplemente un Estado dictatorial más con el cual tener relaciones, esto tenía el potencial de resolver una de las tantas crisis petroleras (originada por la agresión a Ucrania) y de precio del combustible, así como determinar condiciones de estabilidad forzada para la región. Entonces María Corina genera nuevas condiciones políticas cuando gana las primarias, algo que el exceso de confianza de Maduro y Capriles creó. Allí se transforma en alternativa democrática para Venezuela, algo que solamente los más obtusos cómplices del régimen se negaron a aceptar.

Esto fue reafirmado con un par de jugadas de características magistrales, ceder su lugar a Edmundo González, con lo cual María Corina Machado demostraba más compromiso con la Democracia que con el poder y luego cuando se dio la elección crear un sistema que protegiera cada voto, esto quiso decir la mayor cantidad de votos posible, lo cual hizo imposible a Maduro reclamar una victoria electoral dada la documentada paliza electoral que recibió.

Esto hizo involucionar a Maduro quien, como en otros casos, en el hemisferio hubiera hecho posible transformar una derrota electoral más apretada en triunfo, pero esa posibilidad desapareció entre sus propias manos.

La capacidad de acción de Donald Trump transformó la región, lo cual demuestra como una sola persona en el ejercicio del poder y con capacidad de acción puede cambiar cosas profundamente. Por supuesto, la forma más sencilla es imaginar que estamos reexaminando predicciones políticas y económicas anteriores y viendo cómo se proyectan las mismas para el futuro de la región. Estas predicciones infectadas de problemas de mucho tiempo pueden transformarse en completamente erróneas con mucha facilidad.

Es importante recordar que solo podemos comprender verdaderamente dinámicas políticas cuando nos afectan personalmente, cuando se sufren personalmente, y esa ha sido la gran ventaja de María Corina, conocer los golpes opositores, conocer los golpes de la dictadura; y ello constituye un absoluto paralelismo con lo sufrido por el pueblo venezolano.

Por ello las soluciones propuestas por María Corina hacen más a la realidad de Venezuela que otras iniciativas.

Algunos argumentan que Venezuela continuará atravesando una crisis, que la oposición es impotente para moldear el futuro democrático que el país necesita ya que no puede controlar los diferentes elementos que activan permanentemente la crisis del país. Pero un problema anterior es que muchos opositores ni siquiera han considerado esta perspectiva, sino que esperan que los EUA resuelvan todos los problemas pendientes de transición y les entregue el país. Pero esto seguramente no es tan sencillo, por ejemplo, podemos preguntarnos: “¿Cuántas veces se cree que se ejercerá la fuerza en el correr del año?”, esencialmente nos estamos haciendo la misma pregunta que María Corina Machado y que Delcy Rodríguez; y es que el poder político venezolano no puede predecir con exactitud cómo funcionarán las instituciones de los EUA y en ese contexto se permanece en la incertidumbre.

Dado que la existencia de la “presencia virtual” de los EUA se limita al mundo de los negocios y a un muy básico cumplimiento de las normas internacionales, algo que Venezuela se había hecho conocer por violarlas, especialmente las que refieren a Derechos Humanos, funcionamiento democrático y seguridad y estabilidad; quienes ostentan el poder saben que la autoridad de dicha “presencia virtual” no puede desconocer por completo su existencia. Y ello además tiene otros elementos, en realidad los EUA se sienten cada vez más gratificados con Delcy Rodríguez teniendo en cuenta lo que después les tocó vivir en Irán, donde no se sabe con quién se habla y es imposible creerle a nadie con quien se hable, los pasdaranes, los ayatollahs y los políticos (en ese orden) demuestran todo el tiempo una confiabilidad nula con una estrategia de dar pequeños golpecitos combinados con ganar tiempo. Y siguen. Después de eso a los ojos de los Estados Unidos, Delcy se ha transformado en una especie de liderazgo previsible con quien se puede cooperar especialmente en la lógica económica sobre la cual se ha consolidado la relación.

En una sociedad internacional donde se puede hablar por teléfono todo el día, el gobernante no ignora que el compromiso y su cumplimiento en sí mismos constituyen salidas a las crisis, crisis que pueden resolverse y que no arrastrarán a todos hacia la migración, las violaciones de Derechos Humanos y el hambre. Por ello, el recientemente legitimado gobierno venezolano puede vivir en un mundo erróneo siempre y cuando tenga los socios convenientes. Todo ello puede ser verdad, pero de todas formas seguimos partiendo de la premisa que los venezolanos están bajo un gobierno a menudo vago y poco coherente pero cuya capacidad represiva nadie quiere testear.

La lección que surge de esto parece querer decir que no es posible tomar el control por uno mismo de un país con crisis heredadas que es parte de una región impredecible, por lo que es necesario distinguir entre los problemas que las instituciones deben resolver y los que no deben resolver porque ahora no es el momento o porque no es posible; por ejemplo, si quienes están en el poder quieren resolver la enfermedad específica del control territorial de los grupos irregulares ello no va a ser posible. En una transición como la venezolana, no existen diagnósticos, nadie sabe lo que ocurre, simplemente dejan que siga ocurriendo. Solamente el fortalecimiento institucional puede encaminar al país.

En este tiempo, María Corina Machado quiere y necesita que se construyan instituciones serias que posibiliten la transición. El gobierno debe seguir intentando establecer instituciones que solucionen la cruel verdad de la crisis institucional que vive el país, sin ello el gobierno seguirá intentando explicar sus objetivos, pero las soluciones serán coyunturales y no harán a la sustancia del cambio en Venezuela. Si el gobierno quiere guiar una evolución económica que se imponga sobre las diversas crisis superpuestas en Venezuela tendrá que coincidir con María Corina Machado y construir instituciones que permitan crecimiento económico, que controlen la inflación, que den garantías al trabajador, que resuelvan salud, vivienda y educación de los trabajadores y sus familias. Pero especialmente necesitan de eso para empezar un proceso que empiece a su vez a normalizar a Venezuela. El proyecto ético de María Corina es entonces imprescindible.

Hoy las instituciones deben afirmarse en un contexto en que hay maniobras políticas todos los días, en que no se puede esperar que nadie esté de acuerdo con nadie; pero sin proponer que nadie cambie su posición original, trabajar cada uno a su manera y sus objetivos en el fortalecimiento institucional tiene un beneficio directo que es comenzar a salir de esta crisis.

Algo que me ha ayudado a comprender en mi exploración y documentación de este mundo de la política es que una persona con un propósito moral, afirmada prácticamente en una lógica absoluta de respeto y promoción de los derechos humanos, hace el camino al desarrollo y la democracia mucho más fáciles. Probablemente María Corina no sea una activista de derechos humanos en el sentido estricto, pero los temas en los que se centra, su postura política firme frente a la maniobra política, hacen su proyecto ético de defensa de la Democracia y los Derechos Humanos esencial para una Venezuela que necesita de un marco humanitario y moral para los derechos humanos que le permita alcanzar cierta lógica evolutiva hacia la Democracia. Lo cual fundamentalmente es esencial para el bienestar de su pueblo.

María Corina Machado ha sostenido un proyecto irrevocablemente ético de oposición a cada uno de los crímenes de la dictadura. A muchas personas les resulta difícil aceptar esto porque la idea de un propósito moral les parece inquietante, incluso contradictorio con el proceso de transición que se debe lograr. El poder político en Venezuela tiene que separarse de ser la principal causa de muerte y de sufrimiento del pueblo. No se puede cambiar el pasado, pero debe ser la lógica del presente y del futuro. Mencionamos que algunos simplemente quieren una solución que los EUA le regalen a los venezolanos, otros quieren hacer un asado con los caníbales ya y comérselos por anticipado, otros quieren que no haya nunca transición o que sea lo más lenta posible, otros querrían seguir mintiendo por siempre, pero en resumen todas estas cosas son malas para Venezuela.

Los venezolanos todos, y esto incluye a sus políticos, son los principales responsables de construir instituciones fuertes para Venezuela, de tener políticas que tengan a los Derechos Humanos como eje transversal, de tener un país justo, de tener una transición eficiente, de construir su sistema político y social sobre la base de la verdad, de erradicar la corrupción y el crimen organizado. En el pasado muchos de estos políticos han creído que se podía hacer esto sin María Corina Machado; el tiempo, las necesidades políticas y fundamentalmente el pueblo les han demostrado que estaban equivocados.

Luis Almagro

Director Instituto CASLA

Este artículo de opinión fue publicado originalmente en Infobae

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