
Mientras este régimen siga respirando sobre Venezuela, seguiremos viendo cómo cambian los nombres, pero nunca los métodos: terror, hambre, oscuridad y crueldad.
Porque no hay diferencia entre quienes ayer perseguían y quienes hoy esconden, torturan y condenan al silencio. Cambiaron los rostros, pero no la perversidad.
Lo de Víctor Hugo Quero Navas desgarra el alma de un país entero. Una madre anciana recorriendo durante meses tribunales, cárceles y oficinas, suplicando apenas una fe de vida de su hijo, mientras quienes detentan el poder callaban con absoluta frialdad.
No existe tortura más cruel que condenar a una madre a vivir entre la esperanza y el horror.
Y aun así pretenden que Venezuela olvide.
Pretenden normalizar el dolor.
Pretenden acostumbrarnos a las atrocidades. Pero cada lágrima de una madre, cada preso político, cada familia rota, tiene que convertirse en conciencia y en fuerza. Porque rendirse sería aceptar que la maldad venció. Y Venezuela no puede entregarse a quienes han hecho del sufrimiento un mecanismo de control.
La libertad no es un capricho político; es la única manera de detener tanta barbarie. Por eso hay que seguir.
Seguir denunciando.
Seguir resistiendo.
Seguir luchando hasta que en esta tierra ningún hijo desaparezca, ninguna madre tenga que mendigar respuestas y ningún venezolano vuelva a vivir bajo el miedo.
La noticia no descansa y nosotros tampoco
