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María Corina Machado a El País: La posición de EEUU pesa en mi decisión de volver, hay que buscar el momento correcto

María Corina Machado en Washington, el 7 de mayo.
Foto: Maansi Srivastava | Vídeo: EPV

 

Viéndola recorrer el mundo para reunirse con líderes en Europa, con empresarios en California u ofrecer entrevistas en YouTube, muchos concluyen que María Corina Machado (Caracas, 58 años) es una bala perdida: una líder en suspenso, atrapada en un limbo que le impide regresar a Venezuela. Allá la espera la misión que se autoimpuso: llevar hasta el final la tarea de sacar del poder al régimen chavista. Según esa visión, cada día que pasa afuera es una ganancia para los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, presidenta y presidente de la Asamblea Nacional, respectivamente, y el hombre fuerte Diosdado Cabello, y una deuda creciente con los millones de venezolanos que la esperan. Pero esa no es la impresión que ella transmite en persona.

Por Boris Muñoz | El País

Machado está firmando un ejemplar en inglés de su libro El manifiesto de la libertad cuando le informan que el Ministerio Público ha confirmado la muerte de Víctor Hugo Quero Navas, desaparecido por las fuerzas de seguridad hace un año y medio. Escucha y es como si le dieran un golpe. Un segundo después toma aire y se repone: “Es lo que ya sabíamos. Estaba muerto”. Una colaboradora suelta: “¡Desgraciados!”

 

 

La Premio Nobel de la Paz y su equipo trabajan en una austera oficina de Washington cuyo mobiliario vio tiempos mejores hace ya años. Ella entra a la cocina a preparar café derrochando energía y trata a sus colaboradores con familiaridad y camaradería. Cada uno parece tener claro su papel específico dentro de una misión más amplia: pensar y planear la Venezuela que quieren ver en las próximas décadas. Las paredes beige están casi desnudas, salvo por una pintura ingenua fechada en 2025 y algunas ilustraciones de la caricaturista venezolana Rayma. Antes de sentarse frente a la cámara, pide ayuda para ocultar el cable del micrófono. ¿Un toque de coquetería? “Es para evitar distracciones”.

Pregunta. Han pasado más de 100 días desde que se inauguró esta nueva situación en Venezuela: sin Maduro, pero con el chavismo prácticamente íntegro en el poder. ¿Qué ha cambiado realmente?

Respuesta. Hay que verlo en varios planos. En lo político, han ocurrido cosas impensables hace unos meses. En un país donde la gente no se atrevía ni a pedir por los presos políticos en una iglesia, hoy puedes tener 30 o 50 manifestaciones de diversos tipos en un mismo día. Más de 600 presos políticos han sido excarcelados, aunque aún quedan cientos en prisión. Empiezas a ver expresiones de libertad de expresión, de movilización, de denuncia que no existían. Sin embargo, esto está muy lejos de ser una restitución plena de los derechos cívicos. En lo económico, se han puesto límites al manejo discrecional de los fondos del régimen y se ha permitido la llegada de inversiones, aunque nadie sabe de qué tamaño son ni cuáles son los términos de los contratos. No hay contraloría. La inflación anual es del 650% y el 86% de la población vive en la pobreza. Y en lo social hay una tensión creciente: los productos están en las estanterías, pero la gente no los puede pagar. Los venezolanos hemos aprendido a los golpes que la economía no se resuelve sin el cambio político.

P. Siguiendo lo que sucede en Venezuela, pareciera que se fermenta una sensación de cansancio e incertidumbre entre la población. ¿Se está agotando la expectativa de cambio antes de que la transición tome forma?

R. Hay de todo. Hay una genuina angustia de gente que no puede más, que ve que sus hijos no comen bien ni van a la escuela. Eso es lo que yo llamo la urgencia ética. Y hay también una narrativa deliberada de desmoralización, que busca convencer a la gente de que este proceso no se trata de democracia, sino de petróleo, de intereses externos. Esa narrativa le conviene al régimen. Pero que esto sea complejo no significa que no avance. El planteamiento de Trump y Rubio, de las tres fases que desembocan en una elección libre y limpia, es correcto y es urgente.

Para leer la entrevista completa ingrese AQUÍ

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