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José Gregorio "El Gato" BriceñoOpinión

El monstruo Cabello: de la masacre de El Junquito a esconder cadáveres, por José Gregorio «El Gato» Briceño

Hacer una mezcla de ciencia ficción y terror no es suficiente para narrar o intentar describir la barbarie que día a día, sin pizca de arrepentimiento ni compasión perpetra el nazichavismo que domina todo en lo que queda de Venezuela,

Nadie duda de que el odio que tiene este régimen hacia los venezolanos es inmenso e infinito

Estas piltrafas humanas han hecho del crimen su forma de gobernar y lo presumen. En Venezuela hace mucho que cruzamos esa línea de la atrocidades y el salvajismo, nada es accidental ni improvisado, esas acciones perversas hasta el extremo, son planificadas. Los jerarcas del terror, los monstruos del sadocabellismo reprimen adentro, operan afuera, acumulan fortunas y acumulan víctimas con la misma naturalidad. Son conocidos, tienen cara, tienen rango y tienen precio. Es inverosimil y doloroso hablar sobre las huellas que ha dejado este asco de ser en personas reales, familias reales y dolores que no tienen fecha de vencimiento.

Si comparamos con la penúltima dictadura venezolana, el instrumento del horror fue Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional bajo el mando de Marcos Pérez Jiménez: una policía política que asesinaba, torturaba y hacía desaparecer opositores con la eficiencia siniestra de quien ha convertido el crimen en burocracia. Hoy, en plena narcotiranía del siglo XXI, ese papel lo ocupa Diosdado Cabello Rondón, aunque con algunas mejoras tecnológicas y geográficas: ya no se conforma con reprimir dentro de las fronteras, sino que exporta el terror. Fue él quien ordenó el asesinato en Chile del teniente Ronald Ojeda, demostrando que la dictadura tiene largo alcance y poca vergüenza. Fue también quien dio la orden de ejecutar al inspector Óscar Pérez y su grupo en lo que se conoció como la masacre de El Junquito, un operativo donde el régimen confundió, convenientemente, la justicia con la ejecución sumaria. Como si fuera poco, Cabello es el padre espiritual de la Operación Tun Tun, ese elegante eufemismo con el que el régimen describió las redadas que dejaron más de dos mil presos tras las elecciones del 28 de julio de 2024. Porque cuando un gobierno pierde en las urnas, siempre le queda el recurso de ganar en los calabozos.

El pasado martes, Marco Rubio confirmó que la recompensa por Diosdado Cabello se mantiene vigente y que la política de Estados Unidos al respecto no ha cambiado. No es para menos: Cabello está formalmente acusado por la justicia estadounidense de narcotráfico y el Departamento de Estado ofrece en su página web hasta 25 millones de dólares por información que conduzca a su arresto. Una cifra generosa para un hombre que, según parece, ha hecho de Venezuela su oficina personal de exportaciones.

Y hablando de exportaciones: no olvidemos a José David Cabello, hermano de Diosdado y controlador de todos los aeropuertos y puertos del país. Una casualidad extraordinaria, sin duda, que el hermano del narco acusado administre precisamente las puertas de salida por donde fluye buena parte de la droga que abastece al mundo. La familia que trafica unida, permanece unida.

Para sentir nuevamente en carne viva la calaña del monstruo Cabello, nos golpeó apenas hace dos días conocer a Carmen Teresa Navas, madre de 81 años quien durante 16 meses recorrió cárceles, calles y tribunales buscando a su hijo Víctor Hugo Quero, detenido por la Contrainteligencia Militar sin una acusación específica. La respuesta siempre fue el silencio y la burla. Lo que nadie le dijo es que su hijo llevaba 10 meses enterrado en una tumba sin nombre mientras ella seguía buscándolo.Triste y desgarradoramente el régimen se le robó dos veces: primero en vida y luego despues de muerto.

Los venezolanos aguardamos con legítima esperanza el día en que los gringos completen la colección y se lleven a los hermanos Cabello a compartir celda con Nicolás Maduro. Sería un reencuentro entrañable y por primera vez en mucho tiempo, Venezuela amanecería con algo parecido a la justicia.

Desde la cárcel del exilio, me revuelve el estómago y me parece repulsivo el discurso hipócrita del nuevo segundo a bordo de la dictadura, el nefasto psiquiatra desquiciado llamando al supuesto perdón, no hay chance para eso, el dolor desborda cualquier intención de reconciliar lo irreconciliable.

Seguimos sin pausa enfrentandolos, ahora con más fuerzas.

¡Acción y progreso por Venezuela!

José Gregorio Briceño Torrealba

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