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Capitalismo restringido: El dilema del éxito sin libertad en China y VietnamOpiniónpor Néstor Suárez

Capitalismo restringido: El dilema del éxito sin libertad en China y Vietnam, por Néstor Suárez

En las últimas décadas, el tablero geopolítico y económico global ha sido testigo de un fenómeno que desafía las concepciones tradicionales del desarrollo: el ascenso fulgurante de China y Vietnam. Sin embargo, para entender este milagro no basta con mirar las cifras del PIB; es necesario desglosar la naturaleza de lo que ellos denominan «Socialismo de mercado». Lo que ha existido en estas naciones es una apertura económica sin libertad política, un experimento de pragmatismo que hoy nos obliga a reflexionar sobre la sostenibilidad de la riqueza sin instituciones libres.

El punto de inflexión para China llegó con las reformas de Deng Xiaoping. El desmantelamiento de las comunas rurales —la descolectivización agrícola— y la creación de Zonas Económicas Especiales para la inversión extranjera marcaron el fin del aislamiento. Los resultados son indiscutibles desde una óptica puramente estadística: un PIB per cápita que saltó de los $200 a los $13,000, más de 800 millones de personas rescatadas de la pobreza y una clase media en plena expansión.

No obstante, esta bonanza tiene una letra pequeña que a menudo se ignora en los análisis superficiales. Se trata de una alineación con el libre mercado en lo operativo —liberalización de precios, comercio y atracción de capital— pero con un divorcio absoluto del liberalismo político y jurídico. En China, la propiedad privada plena es un espejismo; la tierra sigue siendo estatal, la independencia judicial es inexistente y el crédito permanece bajo el férreo control del Partido Comunista. Es, en esencia, un «capitalismo controlado».

El caso de Vietnam guarda simetrías fascinantes. Bajo la premisa de introducir el capitalismo dentro del socialismo, el país ha entregado tierras en usufructo a las familias, ha abierto sus fronteras a la manufactura global y ha estabilizado sus niveles de desempleo. Al igual que su vecino del norte, Vietnam apuesta por la competencia abierta y la orientación exportadora, mientras mantiene la propiedad estatal formal sobre el suelo y las empresas estratégicas.

Desde la óptica de las grandes escuelas del pensamiento económico, este modelo es un éxito tan eficiente como frágil. Si convocamos a los fantasmas de Milton Friedman o Friedrich Hayek para analizar este escenario, sus advertencias serían claras. Friedman reconocería con entusiasmo que, cuando el Estado permite que los precios fluyan y los individuos emprendan, el mercado responde con un crecimiento exponencial. Pero también añadiría una advertencia lapidaria: el crecimiento no es sostenible a largo plazo sin libertades políticas y una propiedad jurídica segura.

Por su parte, Hayek señalaría que la ausencia de un verdadero Estado de derecho terminará generando, tarde o temprano, una «crisis de coordinación». El cálculo económico, aunque esté parcialmente descentralizado, no puede sostener la innovación y la complejidad de una economía moderna indefinidamente si el poder central sigue interviniendo en los mecanismos fundamentales del crédito y la justicia.

En conclusión, China y Vietnam no representan el triunfo del socialismo, sino el éxito pragmático de un capitalismo restringido. Han demostrado que liberar parcialmente la economía puede multiplicar la riqueza y sacar a millones de la miseria. Sin embargo, el verdadero reto aún no ha sido superado: consolidar la libertad individual y jurídica. Sin esas garantías institucionales que ofrece el modelo occidental, este milagro corre el riesgo de ser solo un capítulo brillante, pero transitorio, en la historia económica. La riqueza sin libertad es una construcción sobre cimientos de arena.

Néstor Suárez es economista. PhD en Economía

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