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José GerbasiOpinión

El peso de la verdad: Víctor Hugo y la dignidad herida de un país, por José Gerbasi

Hay silencios que gritan y verdades que, al revelarse, desgarran el tejido de una nación. El caso de Víctor Hugo Quero Navas ha dejado de ser una tragedia privada para convertirse en un espejo donde Venezuela se mira con horror e indignación. A sus 50 años, Víctor Hugo era un hombre en la plenitud de su vida, una persona con décadas de camino por recorrer, cuya existencia fue truncada y luego sepultada en un silencio institucional que nos hiela la sangre.

Este no es un hecho que podamos dejar pasar entre líneas. Como bien ha señalado la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en sus recientes y contundentes declaraciones, lo ocurrido con Víctor Hugo es una muestra de la crueldad más absoluta. Su voz, que hoy resuena con el peso de la paz y la justicia internacional, nos recuerda que no podemos acostumbrarnos a la deshumanización. Cuando una líder de su estatura denuncia este horror, no lo hace por política, sino por un imperativo ético: defender la vida frente a la oscuridad.

Estamos a las puertas del Día de las Madres. Mientras el país intenta celebrar, la imagen de la señora Carmen Teresa Navas, de 82 años, nos persigue. Durante casi un año, esta madre recorrió tribunales y cárceles buscando a su hijo, sin saber que el sistema ya lo había visto morir en julio de 2025.

Esta forma de tortura psicológica —hacer que una madre busque a un fantasma— nos recuerda los episodios más perversos de la historia mundial:

Las “Desapariciones Forzadas” que marcaron las épocas más oscuras de nuestra región, donde el Estado borraba no solo la vida, sino el rastro de la muerte.

Casos de indiferencia absoluta donde el ser humano deja de ser persona para convertirse en un expediente olvidado en una gaveta.

Este escrito no es un llamado al conflicto, sino a la reflexión desgarradora. Es un grito de auxilio para que la conciencia colectiva despierte. Venezuela no puede, no debe y no quiere ser esto. La muerte de un hombre joven de 50 años en estas condiciones es una herida en el corazón de cada ciudadano.

Necesitamos darle un parado definitivo a esta forma de proceder. Como sociedad, debemos unirnos bajo una sola premisa: la vida es sagrada. La fuerza de Dios debe imponerse sobre la sombra, y la luz de la justicia debe brillar para que el alma de Víctor Hugo encuentre el descanso que la tierra le negó durante tantos meses de ocultamiento.

Pedimos justicia, una justicia poética y real que limpie las lágrimas de esa madre y que garantice que ningún otro venezolano pasará por este calvario. Que la unión de todos nosotros sea el escudo contra la repetición de estos horrores.

Que Víctor Hugo, desde la paz eterna, sepa que su nombre hoy es una bandera de dignidad. Que el eco de las palabras de nuestra Premio Nobel y el sentimiento de cada venezolano se conviertan en un compromiso inquebrantable: nunca más el silencio sobre la muerte, nunca más la oscuridad sobre la vida.

Por Víctor Hugo, por su madre, y por la paz que solo nace de la verdad.

@jgerbasi

Vamos por más…

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