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OpiniónRosa María López de Marín

Rosa María López de Marín: De la resistencia al rescate

El apoyo qué Venezuela  no le da  a sus Maestros  debemos  generarlo  nosotros  desde la trasformación  de nuestra percepción.

El miedo es la herramienta de control  de quienes no tiene argumento, sobre todo  pedagógico y de desarrollo personal, aturde y  nubla la razón, con hambre no se puede trabajar, pero cuándo se desarrolla  el respeto a la dignidad, la integridad no se vende por necesidad.

Sin darnos cuesta  hemos permitido  tener una identidad que se diluye, se desdibuja entre discursos, irrespeto y deformación de la misión del docente. De ser un pilar fundamental del proceso de construcción social, la docencia perdió su rol al perder  la identidad.  ¡Olvidamos lo que somos ¡

 ¡Y si no somos  fichas de una tendencia política,  no existimos!, Olvidamos  que somos gestores de una formación celular de la sociedad, que somos  formadores y sin los Maestros no podrá jamás existir la educación y por ende el progreso.

Nuestro rol es tan,  pero tan importante  que  desde que existe el mundo,  somos   los formadores del SER. 

¡Pero!  Cuando  se permitió  el maltrato de la autoestima, a la autonomía en el aula, delegando nuestros derechos a líderes de plastilina, moldeados según sus oscuras conveniencias, el  docente  empezó  a degradar su rol. Porque los derechos no se delegan, se viven y se defienden,  ese paso de perder el poder de decidir, se diluyó  permitiendo que el sistema perverso  degradara tanto esta profesión formadora de formadores Y  pasamos a ser mendigos de la dignidad, sin voz ni voto.

El hambre   de justicia económica es real, pero el hambre de dignidad es terminal.

Si no somos capaces  de manejar  nuestras facultades  emocionales  para plantarnos  con firmeza  ante este maltrato  y las cláusulas  que buscan  martirizarnos , continuaremos  siendo víctimas de un sistema que nos quiere anulados. Pero la peor victimización, es ser Víctima de nosotros Mismos.

De la Resistencia  al Rescate, expresa  lo que con mucha fuerza  e indignación,  es  la trasformación  de nuestra  propia autopercepción que estamos permitiendo que sea pisoteada.

 Lo más sagrado que tiene una persona es su DIGNIDAD  y esta depende de  la estabilidad emocional, mientras no se entienda  que no se puede  depender  de las expectativas  de un aumento salarial  que jamás cubrirá la realidad  de las carencias,  Sino del derecho que nos asiste  por el solo hecho de ser persona, no se rescatara el digno rol de la docencia

Los anuncios del Primero de Mayo  son Históricamente, paños  de agua tibia  para un cuerpo docente  que carece de todo:

Apoyo espiritual, pedagógico,  de infraestructura, y el más lacerante el  del  respeto. El Respeto que se  Ejerce, no se negocia,

Pero CUIDADO: el hambre  de justicia económica es real, pero el hambre  de dignidad es terminal

La construcción de un país  no puede recaer  sobre unos hombros encorvados por la sumisión. El docente  que investiga  y profundiza  sabe o descubrirá  que la verdadera  autoridad  emana  de la seguridad interna  , no de un escalafón democrático

Una verdad amarga, pero necesaria,  mientras el docente no se respete a si mismo nadie lo hará.

La falta de seguridad personal, baja autoestima,  alimentada por el miedo a las represalias y la mediocridad  o expulsión de un sistema represor  se huele en las aulas.

Cuando un maestro habla desde el temor, pierde autoridad ante el alumno, ante el representante y por ende ante una autoridad represora. Ese vacío de poder personal,  es el que permite que desde el ministerio de educación, gobernaciones, universidades, comunidades  se pisotee la figura del EDUCADOR en todos los niveles.

La construcción de un país  no se logra delegando los derechos, en Venezuela  hoy el termino lucha  ha sido degradado hasta  la vacuidad. El desafió, ya no es una lucha  externa por reivindicaciones que el sistema niega con sana, es  fundamentalmente un rescate  de la dignidad. 

Invito a que se deje de esperar  que las estructuras que nos anulan  nos otorguen el valor  que nosotros mismos hemos perdido. Cuando internalicemos  que el respeto  no es solo un sueldo  o un título,  que no sustituye la introspección de ser personas, rescataremos la autoridad  moral individual del profesional de la docencia. 

Donde florece la dignidad, el instinto de saciarse  no alcanzara  a devorar  la rectitud del carácter.

EN la Venezuela Tierra de Gracia  Ser maestro será el mayor honor  y responsabilidad en nuestra sociedad

 Atentamente 

Rosa María López  de Marín

 Docente Especialista y Terapeuta 

 

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