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Si tal como parece, debido al gran avance de la ciencia en el campo específico de la longevidad, ahora exponenciado por la eclosión de la Inteligencia Artificial, podemos retrotraer el envejecimiento, significaría que estamos frente a la concreción del deseo más anhelado por la humanidad y un hito histórico sin parangón desde que el homo sapiens tomó conciencia de sí mismo, así como de su destino y se aprestó a recorrer el mundo. No por casualidad coincide este grandísimo hecho con el avance arrollador de la inteligencia artificial, lo que nos coloca como testigos de excepción de dos inmensas creaciones de la inteligencia humana. Ambas logros confirman que se avanza hacia un mundo mejor, aunque indudablemente hay muchos problemas.
No obstante, esta inmensa conquista del intelecto humano, que nos llenará de una alegría inconmensurable cuando se materialice en un futuro próximo, hay que anticipar que en un orden de milenios, trastocado en su desenlace fatal, habrá dificultades, problemas, adaptaciones, reaprendizajes, trastocamientos de costumbres, redefiniciones familiares y sociales, consecuencias para el ambiente y para el planeta, efectos demográficos, incidencias económicas, cambios jurídicos, modificaciones en los tratamientos de salud, reinvención de la educación, cambios en los seguros, aceleramiento del salto cuántico que significará la colonización de planetas, etc., etc.
Como podremos revertir el envejecimiento y retrotraernos a la edad de 25 años, y además hacerlo muchas veces, dependiendo de nuestras posibilidades económicas, la pregunta es ¿a qué edad lo haremos?, ¿esperaremos que nuestros hijos sean adultos y tengamos nietos?, ¿cuál será la tendencia? ¿Se rejuvenecerá la mayoría (ya sabemos que los ricos si y buena pare de la clase media alta), pero y los que no tengan recursos, los que simplemente no quieran, los que por creencias se nieguen, los que por motivos religiosos no lo hagan? Para entonces, nos moriremos por accidentes, por descuidos muy pronunciados en el manejo de nuestra propia salud, por catástrofes naturales y por pandemias, porque al rejuvenecernos cesan los efectos adversos sobre la salud que tiene el envejecimiento. Por otra parte, la evaluación epigenética nos alertará en forma temprana de las enfermedades que nos acechan y podremos tomar medidas al respecto. En teoría, todo esto significaría que habrá un crecimiento demográfico, pero ¿será significativo como para atentar contra los recursos del planeta y afectar más el ambiente? o como ocurre con mayor incidencia en los países desarrollados, pero también en los avanzados y en los modernos, que como consecuencia de la tecnología, la preparación académica y el trabajo de la mujer, hay una caída en el número de hijos y eso ha puesto la demografía en peligro, entonces el probable crecimiento poblacional derivado de la inmortalidad compensaría este efecto y no constituiría la consecuencia negativa que suponemos. ¿Será así?
¿Sería lo mismo, costaría igual, asegurar o comprar una póliza de vida y una cobertura de salud médica, para un hombre cuya edad cronológica y biológica sea de 40 años, que para uno de edad cronológica de 80 años, pero que luzca, se sienta y comporte como uno de 40 años de edad?
Una cosa que también podemos suponer es que si alguien, con nietos en inicio de su adultez, se rejuvenece y torna otra vez a sus veinticinco años, será de la misma edad que su nieto, con la diferencia que en su cuerpo rejuvenecido habitará un cerebro de ochenta años, en tanto que su descendencia se comporta como el joven cronológico que es; inexperto en la vida, más arrojado, audaz e impulsivo si se quiere. Imagino que la comunicación entre generaciones se hará más necesaria y apreciada, lográndose que se transmita y asimile la sabiduría que los años han otorgado. Entonces, la pregunta pertinente al respecto sería: ¿corrige el ímpetu juvenil la tendencia acomodaticia, conservadora, de las personas mayores y su mayor propensión a no cambiar?
Es casi seguro que si un miembro de la pareja se rejuvenece y el otro no, la ruptura estará cantada. Pero también, puede ser que habiendo vivido juntos por 50 años, criado hijos y tenido nietos, se considere cumplido un ciclo y se disuelva la pareja y cada uno reconstruya su vida por su lado. Aunque, puede ocurrir que estando ambos rejuvenecidos y extremadamente alegres por ese milagro, se reinvente el amor de una manera desconocida y mágica y se reciclen en el mejor sentido: emprendan nuevos estudios, nuevos negocios, decidan explorar el mundo del arte, aprender idiomas, cumplir un sueño interrumpido por los deberes de crianza, etc. En ese futuro imaginado, es probable que haya hermanos con diferencia de 25 o más años, por parte de ambos padres o de uno.
La familia, la sociedad, las costumbres, la moral, las percepciones sobre la vida y la muerte cambiarán inexorablemente. Será otro mundo al que sabremos adaptarnos como siempre ha sido, cada vez que hubo cambios drásticos en el planeta.
Miguel Méndez Rodulfo
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