
El escritor argentino, Jorge Luis Borges, por cierto, y al margen del tema que vamos a tratar de inmediato, utilizaba como una manera elegante y rápida de salir del paso o rechazar una invitación, o cuando simplemente no quería asistir a un lugar, decir que él no tenía condiscípulos. Pues, ahora sí, yendo a lo que vamos, es el caso que Borges mantenía que la muerte no dignifica. A menudo exploró el destino de los hombres y la valentía en su obra. Sobre la muerte, llegó a reflexionar que “un cobarde muerto no es un valiente”; es decir, el acto final no borra la naturaleza de las decisiones tomadas en vida, que es otra cosa, pero siempre interconectada con los restos mortales.
Entretejiendo en estas marañas de ideas, donde unas veces escasean u otras veces resultan secas como se estila decir en la jerga periodística; al contrario, ocurre en otras ocasiones donde nos confunde el torbellino, la atolondrada profusión de opiniones sobre la misma cuestión. De cualquier forma, quienes en esta reciente etapa de persecución en la era de Nicolás Maduro quienes estuvimos presos, eufemísticamente privados de libertad, igualmente, son consideradas víctimas aquellos compatriotas que tuvieron que salir huyendo hacia otros países en busca de resguardo o asilo, que, por cierto, que de dorado no tiene nada. Asimismo, aquellos que se resguardaron en algún lugar desconocido dentro de nuestro territorio.
Al otro extremo, abordan las diferencias entre la dignidad, la cobardía y la falta de valores humanos que nos lleva al terreno de la ética y la filosofía moral. Aunque a veces sus fronteras se cruzan en las acciones humanas, conceptualmente responden a motivaciones y raíces muy distintas. Aquí nos introducimos en el terreno del respeto por uno mismo, que es la dignidad, cualidad moral intrínseca y una postura ante la vida, ante nuestra familia, nuestros amigos y ante la sociedad. Es el reconocimiento de que el ser humano tiene un valor absoluto, que no tiene precio y que no puede ser tratado como un simple medio o mercancía. La persona digna actúa según sus principios, incluso cuando tiene todo en contra. Sabe poner límites, prefiere asumir las consecuencias de sus actos antes que rebajarse, y respeta la condición humana de los demás. Algunos, objetivamente son los menos, desconocen que la dignidad genera paz interior; mientras que la cobardía, líneas arriba hice las diferencias, mejor dicho, las similitudes entre estar preso, asilado o escondido; pero otra cosa que sí despreciable, ruin, es el miedo que paraliza la obligación, el deber con nuestra tierra y nuestros coterráneos. La incomodidad radica, casi exclusivamente en el egoísmo puro, la indiferencia o la búsqueda del beneficio propio a costa del sufrimiento ajeno, es decir, aquellos que sufren de aporofobia aguda.
En todo caso, en Venezuela esta lucha ha sido marcada por crisis políticas, económicas y sociales que han afectado a millones de ciudadanos. Líderes como María Corina Machado han planteado principios fundamentales para avanzar hacia un cambio democrático, destacando la importancia de la unidad nacional, la corresponsabilidad ciudadana y la lucha justa por medios constitucionales. Además, se ha enfatizado en la necesidad de un liderazgo comprometido con valores éticos y políticas que promuevan una economía sana y una sociedad justa…
garciamarvez@gmail.com
La noticia no descansa y nosotros tampoco
