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OpiniónWilliam Anseume

La reunión con Ana María Sanjuán, por William Anseume

En principio, y seguramente por los cambios producidos este año en el país, tenemos que agradecerle a la profesora Ana María Sanjuán -profesora de nuestra Universidad Central de Venezuela- el habernos recibido. Y así lo hicimos todos quienes participamos en la reunión, finalmente invitados a conversar en el ministerio.

El agradecimiento deriva de la gentileza, claro, pero también del hecho cierto de que sus antecesores carecieron de ella. A Sandra Oblitas nos la conseguimos en el ascensor de esas oficinas y me le presenté, como entonces presidente de la Asociación de Profesores. Me dio la mano y me pidió que dejara la carta solicitando elecciones en la USB en su oficina, que ya sabían que íbamos, el ministerio estaba rodeado de guardias y agentes uniformados y secretos, como si íbamos a provocar una crisis ministerial o algún evento descomunal los cuatro o cinco concurrentes, quienes apenas alcanzamos luego a realizar una foto y un vídeo fuera de las instalaciones.

Esto por no hablar de Ricardo Sánchez, a quien también, en repetidas oportunidades le dejamos comunicaciones de todo tenor y hasta carta pública y se hizo el paisa a todo evento. Solo iba a la USB a poner ofrendas a Bolívar en el aniversario.

Por eso, con Sanjuán notamos el cambio. Una comunidad, la de la USB, agredida hasta más no poder, sometida y vulnerada por las autoridades interinas, esas que: por primera vez y en repetidas oportunidades negaron el derecho de palabra a la Asociación, conminaron a estudiantes a firmar documentos, quitaron espacios a los profesores – Casa del Profesor y del IPP-, cambian reglamentos sin consulta, aviso ni protesto, persiguen profesores, estudiantes y trabajadores, para enviar mensajes de autoritarismo mal entendido, han tenido en el máximo abandono físico -como se ha evidenciado: ayer subí nuevamente a la piscina a saber de las babas que la habitan, para su perjuicio y el nuestro- y académico -en la USB buscan desesperados 333 profesores para completar la minusválida planta profesoral-, han echado -lietaralmente- al representante de los trabajadores -electo, él sí, del Consejo Directivo, nada hacen de nada, para nada, por conseguir alguna mejoría institucional, no han sido electas si no designadas y ya este trimestre alcanzan la penosa hilera de 5 años mal habidos.

¿No íbamos a agradecer que por fin alguien nos escuchara? Ahí todos dijimos todo, como en un escape espiritual, una catarsis general, que se tradujo en catarsis de nuestros representados, por supuesto. Era la USB dialogando por fin con el poder. La primera exigencia: salir de estas autoridades, para lo cual se brinda en bandeja de plata con la encaminada transición, hablamos de transición en la USB. ¿Está mal? No. ¿Estaría mal? No. En la USB todos podemos entendernos. Bueno, casi todos si apartamos del control institucional lo que estorba a todos.

Pero no fuimos a hacer catarsis y eso la ministra Sanjuán lo sabe. Queremos labrar respuestas, construir juntos respuestas a la comunidad de la USB y al país. Ambos lo merecen y estamos más que dispuestos a esa construcción de alternativas conjuntas y viables. ¿Será? Por lo pronto, esperamos el segundo encuentro pospuesto está semana. ¿Será? Todavía confiamos.

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