
La caída de Víctor Manuel Rocha no fue un golpe de suerte, sino el desenlace de una cacería que se extendió durante décadas. El FBI lo arrestó en 2023 y la condena llegó en 2024: el precio por más de 40 años de traición al gobierno que había jurado servir. En un episodio del podcast Inside the FBI titulado Catching a cuban spy (Atrapando a un espía cubano), la agencia reveló nuevos detalles de los años de trabajo encubierto de Rocha para la dictadura cubana y de la investigación que llevó a su caída.
Durante sus años universitarios en Yale, Rocha era un joven colombiano interesado en el comunismo y decidido a apoyar activamente esa causa. Según el podcast del FBI, Rocha afirmó que fue radicalizado durante su estancia en la universidad, influido por el clima político de los años setenta y por el contacto con diversas corrientes marxistas y figuras vinculadas a movimientos de izquierda en América Latina.
Rocha mostró especial admiración por el modelo cubano, que consideraba un ejemplo de transformación social en la región. En busca de un rol activo, gestionó una oportunidad académica en Chile con la intención de ofrecer sus servicios directamente a la causa cubana. En febrero de 1973, se presentó voluntariamente en la embajada de Cuba en Santiago y entregó documentos relacionados con la Revolución cubana, obtenidos en Yale, como muestra de su disposición y capacidad.
Esta decisión marcó el inicio de su relación con la inteligencia cubana, al ser contactado y finalmente reclutado por un oficial del Directorio General de Inteligencia (DGI) de Cuba mientras se encontraba en Chile. Rocha, que hasta entonces no había considerado la ciudadanía estadounidense, fue persuadido por sus reclutadores para iniciar ese proceso como parte de su primera misión al servicio de Cuba.
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