Un año después de la muerte del papa Francisco a sus 88 años de edad, el 21 de abril de 2025, en la Casa Santa Marta, la Iglesia católica mantiene el legado de un pontificado que redefinió prioridades, discursos y estructuras internas en la institución.
Jorge Mario Bergoglio, el primer pontífice latinoamericano y jesuita, asumió el papado en marzo de 2013. Desde entonces, impulsó la reforma institucional, la apertura pastoral y resaltó temas sociales como la pobreza, la migración y la crisis climática.

El legado del papa Francisco
El papa Francisco promovió además una descentralización del poder eclesial, otorgando mayor protagonismo a las iglesias locales y a las conferencias episcopales en la toma de decisiones.
En cuanto a lo doctrinal y pastoral, el sumo pontífice fallecido dejó una huella significativa con documentos como Laudato si’ (Alabado seas), su segunda encíclica (carta solemne que dirige el sumo pontífice a todos los obispos y fieles del orbe católico) publicada en 2015, en la que se enfocó en el cuidado de la “casa común” (el planeta Tierra).
En ese texto vinculó la crisis ambiental con la responsabilidad ética global, y Fratelli tutti, centrada en la fraternidad humana y el rechazo a la indiferencia social. Estas encíclicas, su perfil se definió como un líder espiritual con fuerte proyección política y social.
Su pontificado también estuvo marcado por una postura más abierta hacia sectores marginados por la Iglesia, incluyendo migrantes y la comunidad LGBTIQ+; pese a que esto pudo generar resistencia entre otros miembros de la Iglesia.

Investigaciones de acusaciones de abuso sexual y rechazo de artículos lujosos
Francisco impulsó mecanismos de investigación y sanción; analistas consideran que las reformas avanzaron de forma desigual y con resistencia dentro de la jerarquía eclesiástica.
En relación con la vestimenta, marcó una ruptura con la tradición de portar atuendos lujosos y prefirió sobriedad para simbolizar humildad y servicio. Entre las prendas descartadas está la muceta roja de terciopelo, la cruz pectoral de oro, el sobrepelliz bordado y los tradicionales zapatos rojos, sustituyéndolos por sus zapatos negros habituales y una cruz de plata sencilla.
Encaminó la canonización de los primeros santos venezolanos
Uno de los gestos relevantes del pontificado del papa Francisco hacia Latinoamérica, en especial para Venezuela, fue su papel en el proceso que condujo a la canonización de los primeros santos del país: José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles.
Entre febrero y marzo de 2025, el pontífice fallecido autorizó los decretos que reconocen los milagros atribuidos a ambos, un paso que es indispensable para su elevación a los altares, incluso mientras se encontraba hospitalizado.
Estas decisiones marcaron el impulso final de causas que durante décadas movilizaron la devoción popular venezolana. La canonización se concretó el 19 de octubre de 2025 en la plaza de San Pedro, convirtiéndolos en los primeros santos del país y en un hito histórico para la Iglesia latinoamericana.
Más allá del acto litúrgico, la firma de Francisco fue interpretada como un reconocimiento institucional a una fe arraigada en lo popular hacia San José Gregorio Hernández, conocido como el “médico de los pobres”, y a Santa Carmen Rendiles, fundadora de una congregación religiosa, encarnan una espiritualidad cercana a los sectores más vulnerables, en sintonía con el énfasis pastoral que caracterizó su pontificado.

Su residencia en la Casa Santa Marta
En cuanto a su vida, el papa Francisco prefirió residir en la Casa Santa Marta, un edificio adyacente a la Basílica de San Pedro, que fue construido en 1996 para servir como la primera casa de huéspedes oficial reservada para los cardenales durante un cónclave, en lugar de en el Palacio Apostólico.
Esto para promover una imagen de sencillez que puede contrastar con la solemnidad histórica del Vaticano.
De acuerdo con el Vaticano News, el lugar tiene una arquitectura moderna y su entorno “acogedor y funcional”.
La sala principal se ubica a la izquierda de la entrada. Mide 10 metros por 8,80 y su decoración es austera. El edificio cuenta con cuatro plantas que albergan 129 habitaciones, distribuidas entre 106 suites y 22 habitaciones dobles y un departamento.
La Casa Santa Marta se construyó inicialmente para alojar a los cardenales durante los cónclaves, pero se adaptó a otras funciones en épocas ordinarias. El clero definió la decisión de Francisco como un acto puro de que “la verdadera grandeza puede encontrarse en la humildad”.
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