El anuncio fue que el venidero primero de mayo se anunciará, cual Cantinflas postergando algo que decir, cómo y cuánto será el «ajuste» del salario, sueldos y pensiones. La expectativa crece a medida que se acerca la fecha simbólica, como crece la rabia de escuchar y leer la entrada continua de recursos por: petróleo, oro, negociaciones con bancos internacionales, minas, tierras raras y no raras, sumados a un largo etcétera.
La ciudadanía no es tonta. Sabe bien que resulta insostenible un salario mínimo por debajo de la mitad del dólar, como es éste, el más bajo del mundo. Pero sabe muy bien también que hay que ordenar la economía, que se precisa limpiar la casa, en términos de administración pública. Lo que equivale a una drástica reducción de los gastos en esa administración. Intuye, con claridad, que no saldrá de una vez beneficiada sustancialmente con esos «ajustes».
Abundan los proclamadores de mágicas soluciones absurdas. Aunque estén estipuladas en todos los acuerdos legales y de derechos humanos, por la carencia fáctica de recursos, en principio, y por las consecuencias terribles que pudiera acarrear una circulación de monedas estrepitosa se hace inviable de golpe. Desde luego que este proceso también hay que llevarlo con calma. Hay que reponer hasta alcanzar las metas. ¿Será este año? No lo creo. Pero, aunque resulte poco popular, como de hecho y de todos modos será el resultado inmediato, hay que hablarle clarito a la población. Los escondrijos en estos momentos son tan insanos como está la economía. Lo he repetido: exponer el plan económico general, exponer con sus especialistas y después de los resultados exhibidos por la comisión tripartita, que no puede ser ignorada, guiada por la OIT, el plan laboral. Decirnos en cuanto tiempo vamos a recuperar calidad de vida.
Y, muy importante, exponernos con absoluta franquesa, cómo y en cuánto tiempo se ejecutará el resarcimiento del daño laboral causado todo este inmenso e insoportable período de «revolución». Acceso a creditos, protección social garantizada, acceso a vivienda y vehículos, volver a comer sin angustias, decentemente, recreación, salud, seguros. Si se encaminan bien los ingresos y se controla la corrupción que siempre acecha, se bajan los impuestos, podemos alcanzar niveles importantes en la calidad de vida de la ciudadanía. Pero eso no es, no será, de inmediato. Que lo digan y nos den los proyectos consolidados, para planificar la vida. No pensando en elecciones próximas. No pensando en el populismo captador de votos y voluntades.
Los derechos están allí, en espera de ser reconocidos y alcanzados. Los luchadores seguimos expresando, manifestando, nuestro deseo de que la población, toda, recupere la vida. Razón por la cual tantos venezolanos huyeron, porque sí, hubo persecución política con el hambre también, porque hubo control social en bolsa, para los bolsas. Eso no se puede olvidar. En ese sentido, creo que a toda la población le encantaría ver cómo para la recuperación económica y laboral se repatrían los millones de millones que andan anclados en bancos internacionales, producto de la más escandalosa corrupción de América, de las primeras del mundo en varios, luengos, años. Y cómo esos recursos también sirven para alimentar la recomposición laboral del país. Es un buen momento para el inicio. Sin más postergaciones. El primero será el anuncio, pagadero en las quincenas subsiguientes. ¿Y si se idean, por ejemplo, un retroactivo de esos ajustes, por lo que va de año? No sería mala idea, para recomponer la espera angustiosa y acabadora. ¿Verdad?
La noticia no descansa y nosotros tampoco
