La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha cerrado filas con el gobernador de Sinaloa, el morenista Rubén Rocha, y ha ido elevando el tono con Estados Unidos, que busca su extradición y la de otros nueve funcionarios por vínculos con el narcotráfico. La petición del Departamento de Estado ha llegado en un momento delicado en las relaciones bilaterales, tras el escándalo en Chihuahua por la colaboración con la CIA sin autorización federal, y la apertura de la investigación ha caído como un balde helado en el oficialismo. La mandataria, que desde el primer momento se negó a concederle al país vecino una entrega en extremo sensible para el Gobierno, ha reiterado este viernes la ausencia de pruebas y ha insistido en enmarcarlo como un acto de injerencismo estadounidense. “Frente al embate exterior, debe haber unidad nacional”, ha dicho en su conferencia matutina por el Día del Trabajador, en la que ha participado la plana mayor del sindicalismo mexicano. Los líderes sindicales se han sumado al discurso de la presidenta y el evento se ha convertido finalmente en un acto de defensa de la soberanía.
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