
El régimen de Irán vende tanto internamente como de cara al exterior que ha salido victorioso de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, a pesar de las enormes pérdidas militares y políticas de estos 40 días de conflicto. El pasado miércoles, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciaba un alto el fuego de dos semanas –vigente hasta el próximo 21 de abril– tan solo unas horas antes de que se cumpliera otro de sus amenazantes plazos: el de matar a «una civilización entera», en referencia a la persa.
Por El Debate
En ese momento, la teocracia islamista respiró aliviada. Tras más de un mes de guerra, Teherán no solo había logrado su principal y más importante objetivo, su propia supervivencia –a pesar de que su líder supremo, Alí Jamenei, muriera el primer día de los ataques–, sino que, bajo su narrativa, ha conseguido dos éxitos estratégicos: el control del estrecho de Ormuz, que ahora usa como baza negociadora, y una nueva capacidad de disuasión frente a sus rivales en la región.
Trump, para evitar precisamente que el régimen iraní usara Ormuz como palanca de presión en las negociaciones, condicionó el cese de los bombardeos a la reapertura de este paso estratégico, por el que circula el 20 % del petróleo y gas mundial, así como otros bienes esenciales. Teherán, sin embargo, se ha negado a perder esa baza y mantiene cerrado el estrecho. Como consecuencia, y tras el fracaso de las conversaciones entre las delegaciones estadounidense e iraní el pasado fin de semana en Pakistán, el republicano ordenó a su Armada aplicar un segundo bloqueo para que ningún buque, desde y hacia Irán, pueda cruzar esta vía marítima y golpear así la economía del régimen.
Aun así, el régimen, aunque maltrecho, sigue en pie y aún más radicalizado. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI), el Ejército ideológico de la República Islámica, ha afianzado su poder en el sistema. Los altos cargos eliminados por Israel y Estados Unidos durante este conflicto han sido sustituidos por nuevos perfiles, todos ellos con fuertes vínculos con el CGRI, como es el caso del nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohammad Bagher Zolghadr. El pasado 24 de marzo, y tras la muerte de su antecesor, Alí Larijani, en un ataque israelí en Teherán, Irán designó a Zolghadr, excomandante de la Guardia Revolucionaria y halcón del restringido arco político iraní, al frente de uno de los puestos de más poder dentro del régimen.
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