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Ángel MontielOpinión

PDC: de la pasión zuliana a la Dignidad Nacional, por Ángel Montiel

El Partido Centro Democrático (PCD) sacude los cimientos de la política tradicional para erradicar la corrupción, la incapacidad y la mediocridad reinante. Lo que inició como un movimiento regional hoy se consolida como una fuerza nacional con una propuesta ética innegociable. 

Esta organización popular pulveriza el centralismo asfixiante y proyecta una estructura que sitúa al ciudadano en el centro de la acción política. No son unas simples siglas, es la fuerza que transforma la pasión regional en una reserva moral para toda Venezuela. 

El pasado 8 de mayo, el PCD conmemoró ocho años de existencia formal, un tiempo que, en el convulso escenario venezolano, representa un triunfo de la persistencia y la integridad. Sin embargo, para comprender el impacto de esta organización, resulta imperativo mirar hacia atrás, hacia la génesis de un descontento que se transformó en propuesta. El PCD no surgió de un “acuerdo” de cúpulas, nació como un grito de resistencia frente a la degradación moral de la política, la mediocridad de quienes la ejercen y la corrupción que asfixia el futuro de las regiones.

Dos años antes de se presentación oficial en 2018, el movimiento local Pasión por Maracaibo ya trazaba su ruta. Esa plataforma ciudadana entendió que la capital del Zulia no podía seguir siendo el patio trasero de un centralismo asfixiante ni el botín de intereses mezquinos. Fue en ese laboratorio de regionalismo bien entendido y consciente donde se sembró la semilla de la actual organización. El paso de un movimiento local a partido nacional no significó un salto al vacío, sino la expansión natural de un modelo que probó ser necesario. Una política con rostro humano, con raíces en la provincia y con la mirada puesta en la reconstrucción ética del país.

La esencia del PCD descansa en los pilares del humanismo cristiano. No se trata de una etiqueta vacía, sino de una doctrina social que sitúa a la persona en el centro de toda acción pública. En estos ocho años, la organización ha promovido una economía social de mercado que respalda la iniciativa privada sin ignorar su compromiso con los más vulnerables. Ha exigido siempre que el poder regrese a los municipios y a los estados, donde la gente padece los problemas y donde deben gestionarse las soluciones.

Hoy, el PCD se consolida como una fuerza nacional opositora popular que preserva su ADN marabino. Su crecimiento en el tablero político venezolano demuestra que hay una audiencia que anhela seriedad y eficiencia. El partido es una herramienta de cambio que busca reemplazar el populismo barato por una gestión técnica y la probidad administrativa.

Desde mi perspectiva como independiente de formación socialcristiana, mirar el camino recorrido desde aquel mayo fundacional confirma que la política puede –y debe— ser distinta. 

El PCD ha sobrevivido a la persecución, a la censura y al intento de asimilación de los bloques tradicionales porque posee algo que el dinero no compra: coherencia y honestidad. En un sistema que premia el clientelismo, esta organización apuesta por la formación de ciudadanos y líderes que ven en el cargo público una oportunidad de servicio y no un fin en sí mismo. 

El desafío futuro es mayúsculo. En una Venezuela que busca desesperadamente un rumbo, el Partido Centro Democrático se erige como un puente entre la tradición ética de la democracia cristiana y las urgencias de la modernidad.

Celebrar estos ocho años significa reconocer que la dignidad política aún tiene defensores. Desde Maracaibo el mensaje es claro, la mediocridad no define el destino de Venezuela y la corrupción no tendrá la última palabra mientras exista voluntad de lucha. 

El camino trazado por el PCD nos devuelve a la premisa original, la política solo tiene sentido cuando se ejerce con dignidad. Ocho años después de aquel grito contra la mediocridad y la corrupción que encendió la Pasión por Maracaibo ha dejado de ser un eco regional para convertirse en una propuesta de país. La historia de la organización demuestra que, para rescatar la Dignidad Nacional, debemos volver a sentir por Venezuela la misma entrega con la que se empezó a defender al Zulia.

@angelmontielp

angelmontielp@gmail.com 

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