
El costo de moverse en la capital de Monagas ha entrado en una espiral inflacionaria que asfixia al bolsillo ciudadano. En apenas cuatro años, el pasaje urbano en Maturín dio un salto abismal: de costar 9 bolívares en 2022, la tarifa mínima se ubicó este marzo de 2026 en 100 bolívares tras la última resolución oficial.
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Este incremento del 1.011% contrasta de forma dramática con un salario mínimo que permanece congelado en 130 bolívares, convirtiendo el derecho a la movilidad en un lujo, aunque el servicio sea bastante deficiente debido al pésimo estado de las unidades.
En la actualidad, un trabajador debe invertir como mínimo 200 bolívares diarios si se trata de un trayecto corto, pero si el recorrido es más largo, la tarifa puede ascender fácilmente a los 300 bolívares. Los llamados “bonos de guerra” que inventó el chavismo y que ha sido la excusa para no aumentar los salarios son los que ayudan a medio paliar esta situación, pese a que no tienen ninguna incidencia legal.

“Semanalmente gasto hasta 1.500 bolívares solo en pasaje y realmente no es un buen servicio el que uno recibe, porque las unidades están en muy mal estado, son unos ranchos rodantes. A veces los colectores quieren cobrar más de lo que es y si uno les reclama, y ellos responden con que uno se vaya a Caracas, donde el pasaje es más caro”, expresó Marisela Rodríguez, usuaria consultada.
Esta situación ha hecho que trabajadores, principalmente del sector público, deban ausentarse al no poder costear las tarifas actuales, ya que los bonos resultan insuficientes ante una imparable inflación, mientras que los transportistas alegan que aun con estas tarifas, mantener las unidades es una labor cuesta arriba debido a los costos operativos.

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