
Las tácticas defensivas siempre han sido cuestión de tiempo: detectar una amenaza, interpretarla, decidir y actuar. Un proceso que, pese al avance de las tecnologías, siguen siendo principalmente humano y por ello mantiene dudas, sus retrasos y sus errores. Hasta ahora.
Por La Razón
Desde hace unas décadas, los drones, por tamaño, precio y dificultad para la detección, han cambiado las reglas del juego. Ya no llegan de uno en uno, sino en enjambres. No anuncian su presencia, no negocian, no esperan. Y frente a ellos, el problema no es solo destruirlos, sino hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
En ese contexto, el ejército de Estados Unidos está probando algo que suena más a concepto que a máquina: Golden Shield. Un sistema que no es un arma concreta, sino una red. Una arquitectura pensada para detectar, decidir y disparar… sin intervención humana directa.
En un ejercicio reciente en Texas, distintas unidades conectaron sensores, radares y sistemas de armas en una misma red capaz de reaccionar de forma autónoma. Por primera vez, un sensor detectó un dron, lo identificó como amenaza y transmitió la orden de ataque a otro sistema que lo destruyó, todo ello sin que ningún humano interviniera en el proceso.
Es lo que los militares llaman “sensor-to-shooter”: una cadena que une percepción y acción. Pero aquí esa cadena se comprime hasta casi desaparecer. La decisión ocurre a velocidad de máquina. Una de las ventajas de esta tecnología es que no se trata de un sistema cerrado. Es más bien un ecosistema. Integra sensores distribuidos, plataformas robóticas, software de mando y control y distintos tipos de interceptores, desde sistemas electrónicos hasta micro-misiles capaces de derribar drones pequeños en pleno vuelo.
Lea más en La Razón
La noticia no descansa y nosotros tampoco
