
El municipio Sotillo se enfrenta a una parálisis casi total debido a un esquema de racionamiento extremo que obliga a los habitantes de Barrancas del Orinoco, al sur del estado Monagas, a subsistir con apenas cinco litros de gasolina al mes.
lapatilla.com
Mientras el suministro oficial se reduce a solo cuatro cisternas mensuales, la mitad del combustible se desvía para uso exclusivo de la alcaldía, dejando a la población civil en una vulnerabilidad tal que el desplazamiento hacia Tucupita, en el estado Delta Amacuro, se ha convertido en la única alternativa para intentar abastecerse.
Desde el año pasado se registra esta situación en la que el referido municipio solo recibe cuatro camiones cisterna de 38.000 litros, quedando una para la distribución de la población en general, ya que otro de los camiones se destina a los pescadores.
Una fuente conocedora del tema, quien por seguridad pidió mantener su identidad bajo resguardo, contó a La Patilla que en esta alejada localidad de Monagas solo hay dos estaciones de servicio: una en el centro de la ciudad y la otra cerca del malecón, exclusiva para quienes se dedican a la pesca.
La situación de extrema escasez es tal que la población debe viajar a Tucupita para repostar apenas 10 litros de gasolina. Pero, irónicamente, mientras ocurre esta carencia de combustible, en el malecón a orillas del río Orinoco, se puede observar a indígenas warao contrabandeando el carburante en botellas plásticas de refresco.
Aunque ciudadanos han planteado el problema al alcalde chavista José Maldonado y a otros funcionarios de la municipalidad, aseguran que las autoridades “se hacen los locos” con el reclamo de la gente.
“Cuando no se consigue gasolina, fácilmente puede verse a los ‘maraisa’ (término popular con el que se conoce a los warao), contrabandeando combustible, y a ellos nadie los toca”, relató la fuente.
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