
La ciudadanía por nacimiento define el destino legal y social de millones de personas, pero su reconocimiento automático es en realidad una excepción a escala global. Estados Unidos constituye uno de los pocos países que mantienen un modelo amplio de “jus soli”, el principio según el cual toda persona nacida en su territorio adquiere ciudadanía desde el primer momento de vida.
Por Infobae
Las repercusiones de este principio alcanzan a millones de familias migrantes y continúan alimentando debates legislativos y sociales en el país, que a diferencia de la tendencia internacional reciente, sostiene este derecho como un pilar constitucional, de acuerdo con La Opinión y el informe del American Immigration Council.
Estados Unidos y el “jus soli”: una excepción global
A pesar de la percepción común de que la ciudadanía por nacimiento es una norma universal, la mayoría de los países no otorgan de manera automática la nacionalidad a quienes nacen dentro de sus fronteras.
Un análisis del Pew Research Center reveló que en las últimas décadas predominó una tendencia global a restringir, y no a expandir, el derecho al jus soli (derecho de suelo).
Es en América —con Estados Unidos a la cabeza— donde este modelo se conserva con mayor vigor, mientras que en Europa, Asia, áfrica y Oceanía predominan sistemas de jus sanguinis (derecho de sangre), donde la nacionalidad se transmite por la ascendencia.
En la actualidad, países como Estados Unidos mantienen la ciudadanía automática a todo nacido en su territorio, con solo excepciones limitadas como los hijos de diplomáticos extranjeros, según explicó el American Immigration Council.
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