
La Guerra de Corea fue un conflicto que dividió al país por el paralelo 38 en dos zonas durante 3 años. Los bandos comunistas y capitalistas se enfrentaron desde el 1950 hasta el 1953, dando como resultado un empate técnico.
Por larazon.es
Durante el conflicto los soldados de Estados Unidos empezaron a sufrir una serie de síntomas comunes, fiebre alta, dolor de cabeza, vómitos, hemorragias y por último fallos en los riñones, provocando que no funcionen. Nadie sabía qué estaba pasando pero describían la enfermedad como una que empezaba fuerte, se expandía velozmente y cuyo final no podían adivinar.
A lo largo de esos años más de 3.000 soldados de la ONU la sufrieron, llegando a perder la vida 250. Se la denominó fiebre hemorrágica coreana, y no fue hasta muchos años después que se descubrió lo que era. Los soldados que la contraían, habitaban trincheras en el paralelo 38 con muy malas condiciones, con barro, mucho polvo y roedores por la zona.
Las enfermeras destinadas a tratarlos describían la situación horrorizadas, soldados en perfecto estado que de repente se ponían muy mal, llegando algunos a sufrir sangrados por los ojos o la nariz. Una teniente, escribió sobre lo inquietante que era la situación, veían a los soldados casi muertos y al día siguiente se encontraban perfectamente.
Se estudió durante meses si el problema estaba en los alimentos, en el agua o en la salud por la guerra. Sin embargo, nadie se fijó en los pequeños roedoresque correteaban todo el día por las trincheras, dejando sus excrementos por todas partes.
Poco a poco se comenzaron a centrar en una serie de patrones a primera vista, los afectados solían coincidir en que rondaban mucho la tierra, ya sea por trabajos manuales como la excavación de las trincheras o el propio transporte de la tierra, señalaban que había una actividad mayor de la enfermedad en las zonas más alteradas por la guerra.
Pese al final de la guerra, la fiebre hemorrágica coreana persistió en varios soldados incluso desarrollándose una vez habían llegado a casa. De hecho, se comenzó a expandir a más países que afirmaban sufrir los mismos síntomas, pero todavía no se descubría su origen.
El momento del descubrimiento
No fue hasta 1976 que por fin salió a la luz el núcleo del problema, los roedores. Ho-Wang Lee, médico, epidemiólogo y virólogo que había vivido de cerca la guerra fue el principal responsable del descubrimiento. Mientras que todo el mundo lo había dejado ya en el pasado, él había dedicado todos esos años a investigar, para ello se dedicó a investigar el tejido de los ratones que atrapaba por el río Hantaan.
En esos tejidos encontró la solución, un virus desconocido que aisló en el tejido pulmonar del Apodemus Agrarius, un roedor pequeño que se caracteriza por una línea negra a lo largo de su dorsal. Lo llamó Hantaan por ese río que le había hecho conseguir el hallazgo.
En los años que estuvo la investigación en marcha, al principio las medidas sanitarias y de limpieza no eran las adecuadas, lo que provocaba que de vez en cuando los investigadores se pusieran enfermos. Cuando el diagnóstico salió a la luz todo comenzó a cuadrar, la existencia de roedores rondando siempre coincidía. Aun muchos años más tarde, se trata de una enfermedad que aunque conozcamos no tiene una cura definitiva.
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