Cuando Luis Pérez y Naibeth Gutierrez, una pareja de docentes tachirenses, tuvieron a su segundo hijo, Mateo, se plantearon pedir la jubilación ante el Ministerio de Educación. Ya habían trabajado varios años en el sistema educativo y sentían que necesitaban más tiempo y flexibilidad para atender al nuevo integrante de la familia sin descuidar a Valery, su primera hija que ya estaba en el colegio y en actividades extracurriculares.
El compromiso que sintieron en ese momento por la crianza fue solo la punta del iceberg, porque años después notaron que Mateo tenía un talento nato para las matemáticas y que eso era algo que no debía desperdiciarse.
“Mateo siempre fue un niño autodidacta, es decir, él buscaba sus videos por YouTube, pero siempre estaba pendiente de aprender temas que, para nosotros, no eran comunes en los niños como las matemáticas”, relató Luis Pérez en entrevista para El Diario.
Su primer contacto con las matemáticas, de hecho, fue a través de Numberblocks, un contenido infantil disponible en YouTube que enseña a contar, operaciones matemáticas y geometría a través de bloques coloridos.
“Un día cualquiera me dio por preguntarle divisiones, él tenía solo 4 años y me sorprendí porque me las respondió todas correctamente y allí fue el día que dije que tenía un gran talento”, agregó
A Mateo, que ahora tiene 8 años de edad, le detectaron altas capacidades (AA CC), una neurodivergencia que se manifiesta como un funcionamiento cognitivo superior al promedio. Se caracteriza por una alta velocidad de aprendizaje, gran creatividad, curiosidad y un desarrollo asincrónico entre lo intelectual y lo emocional.

“Estábamos revisando en estos días la computadora y hay unos videos donde Valery le estaba enseñando, haciéndole jueguitos de lectura y escritura de números y letras y ya antes de los 3 años Mateo mostraba habilidades para la lectura y para números. Ya formaba palabras sin saber hablar muy bien, ya leía”, señaló.
El choque con el sistema educativo tradicional
Luis contó que Mateo empezó el preescolar durante la pandemia por covid-19, es decir, entre horarios rotativos, clases a distancia y aislamiento social. Sin embargo, ese periodo lo cumplió sin mayores percances.
Su ingreso al primer grado de educación básica sí representó un verdadero choque con el sistema educativo tradicional. A pesar de su velocidad para aprender, el ambiente se tornó frustrante para Mateo, quien no era capaz de ir al ritmo del resto del salón.
“Lamentablemente, Mateo no disfrutaba ir al colegio al principio porque él estaba acostumbrado a otras cosas, a otros temas y encontrarse con una educación muy tradicional que no le ofrecía lo que quería aprender fue traumático”, aclaró Luis.
Los padres de Mateo recuerdan que el primer día de clases la maestra dio la instrucción de que no podían hablar en clases y Mateo estuvo literalmente todo un lapso sin hablar en el salón con los niños ni con su docente. “Nos rompió el corazón”, admitieron ambos.
“Ir a buscarlo en la hora de la salida y verlo sin ánimos, verlos sin ganas de contar su experiencia en el colegio, saber que no conversaba prácticamente con nadie no era una grata experiencia”, confesó.
Esa experiencia traumática y frustrante les llevó a buscar ayuda y orientación. Ellos viven en el pueblo de Capacho, a unos 12 kilómetros de San Cristóbal, por lo que cerca de su casa no tenían muchas opciones de escuelas que hicieran adaptaciones curriculares.
Un psicólogo les mencionó que conocía una escuela que utilizaba el método de enseñanza Montessori y que estaba ubicada en una granja para mantener el contexto de los estudiantes con la naturaleza. Luis y Naibeth son profesores y solo habían trabajado en escuelas regulares, por lo que este tipo de educación era inusual para ellos, pero estaban dispuestos a probar.
La viralidad de la mano de la revelación

Una profesora particular que le daba matemáticas y astronomía a Mateo le comentó a sus padres que internacionalmente se hacían competencias de matemáticas de forma presencial y online, en las que él podía participar.
“Lo inscribimos sabiendo que era más importante la experiencia y aprender que solo ganar. Lo hicimos con esa intención, pero con la sorpresa de que en todas las olimpiadas que ha participado le ha ido bien y eso nos ha motivado a seguir inscribiéndolo y que siga participando”, explicó.
Luis y Naibeth decidieron abrirle un perfil en redes sociales para publicar los logros y las medallas que había conseguido en las olimpiadas; las publicaciones llegaron profesores e instituciones que le han ofrecido becas y apoyos en sus competencias.
“Mucha gente nos pregunta por qué decidimos hacer una red social para Mateo y precisamente fue con la intención de buscar asesoría y apoyo. De todo lo que hoy hace Mateo, el 90 % son becas: estudia inglés, francés, programación y eso ha hecho que su educación sea ahora más completa”, indicó Luis.
Una de las instituciones que se comunicó con la familia Pérez a través de redes sociales fue Motores por la Paz, una fundación que lleva un programa llamado Órbita CI 130 para captar, identificar y respaldar a niños, niñas y adolescentes con altas capacidades.
El equipo de Motores por la Paz, liderado por Gerardo García, identificó casi de inmediato que Mateo tiene AA CC, pero les pidieron iniciar un protocolo de evaluación para darles recomendaciones y asesoría para adaptaciones curriculares.
Allí conocieron al licenciado Jorge Díaz, psicólogo que se está especializando en el estudio de las AA CC, quien les hizo una primera entrevista virtual. El especialista preguntó por todos los integrantes de la familia y allí salió a relucir Valery. De forma casi anecdótica, Luis y Naibeth comentaron que su hija mayor estudió Música desde temprana edad, forma parte del Sistema Nacional de Orquesta y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela (El Sistema) y del Conservatorio Simón Bolívar.
Ante la evidencia irrefutable de que Valery, quien hoy tiene 17 años de edad, también tenía un gran talento, Díaz pidió hacerle una evaluación para determinar si ella también encajaba en un perfil de AA CC.
El talento oculto de Valery
“Valery realmente siempre fue muy inteligente desde preescolar, yo soy profesora de preescolar, ella estuvo un tiempo conmigo y tenía habilidades para aprender, pero realmente no nos enfocamos mucho en detectar esas otras habilidades, sino en potenciar su talento musical”, explicó Naibeth, madre de Valery y Mateo, en entrevista para El Diario.
Cuando finalmente se dio la evaluación de Valery, el especialista encontró que no solo era un prodigio para la música, sino que sus altas capacidades le daban la posibilidad de desarrollarse tanto en las ciencias puras como en las sociales.
Que las capacidades de Valery se pasaran por alto durante su infancia no fue algo casual, de hecho, el psicólogo Jorge Díaz explicó que es más común que se ignoren las altas capacidades en las niñas, debido a que culturalmente se asocia la personalidad femenina con una mayor disciplina en la escuela y la una orientación hacia la creatividad, dos características que pueden ser parte de esta neurodivergencia.
“La alta capacidad es como un don que puede estar dentro de la familia por genética, pero que obviamente si no se desarrolla o no se potencia, ese don se va a perder en lo que es el talento. Yo le dije a la familia Mateo tiene este don, pero sabemos si Valery lo tiene porque hay cosas como el género, la economía y los juicios de valor que hacen que ciertos talentos se oculten y eso fue lo que sucedió con ella”, expresó Jorge Díaz en entrevista para El Diario.

Aunque ella sí encajó en el modelo educativo tradicional, ante sus padres llegó a mostrar rasgos de las AA CC que en ocasiones son incómodos para la sociedad como cuestionar todo y mostrarse profundamente indignada ante las injusticias. Ambos recuerdan que años atrás ella los confrontaba cuando sabía que tenía la razón y se mantenía firme a pesar de la autoridad paternal.
Diaz aclaró que aunque cada perfil sea distinto hay varias características con las que se puede sospechar que un niño tiene altas capacidades:
– Lenguaje verbal muy avanzado a temprana edad: aprende a hablar desde muy pequeño, tiene un lenguaje amplio y complejo, como el de un adolescente o un adulto.
– Buscan información en forma exhaustiva: preguntan mucho e intentan aprender todo lo que puedan sobre un tema de su interés.
– Cuestionan todo lo que un adulto les dice porque tienen la necesidad de entender: a menudo se confunde con desobediencia o trastorno conductual de oposicionismo.
– Son muy sensibles emocionalmente: son empáticos y reaccionan emocionalmente a las injusticias.
– Autocríticos: son muy duros consigo mismos porque su cerebro busca la perfección.
“Otra indicador que nos puede dar información es ese pensamiento ramificante que es cuando una pregunta siempre lleva a la otra y nunca se cansa. Es algo así como que yo te pregunte qué es una chicharra y ahí iría él a preguntar cuántas chicharras hay, por qué la chicharra es así, cómo se mata una chicharra y así preguntando y preguntando por esa necesidad de entender”, detalló.
El talento de Valery y especialmente su capacidad para expresarse a través de medios digitales cautivó al equipo de Motores por la Paz y los motivó a pedirles que trabajara con ellos y, por supuesto, incorporar en el programa de becas universitarias que da la Universidad Metropolitana a los talentos de Órbita CI 130.
Una vida en constante cambio
Los talentos de Mateo y Valery fueron siempre la brújula que movía la vida de su familia, porque incluso antes de saber que ambos tenían altas capacidades, Luis y Naibeth debían organizarse en función de los recitales y giras internacionales de su hija, así como de las competencias y olimpiadas académicas de su hijo.
A finales de marzo viajaron todos a Caracas para concretar la mudanza de Valery, quien formalizó su inscripción en la Unimet para estudiar Comunicación Social Empresarial con una beca completa.
“Yo le comentaba a Valery justamente de que esto era como un antes y un después. Hay cosas que ya quedan atrás y hay que iniciar nuevas metas, nuevos proyectos en los que hay que trabajar fuertemente, madurar algunas cosas cosas también porque bueno, ya ella no estará cerca de nosotros, estaremos en en Táchira, ella va a estar aquí en Caracas y debe afrontar esos nuevos retos”, explicó Naibeth.

Para Naineth, las altas capacidades de sus hijos son una bendición pero también un reto como madre y como educadora. Comentó que ambos son muy distintos, pero a la vez rompen ese molde de pensamiento que tienen otros niños y adolescentes.
“Es un reto para nosotros día a día, lo que significa la enseñanza de Mateo y Valey, pero debemos entenderlos y comprenderlos para poder apoyarlos y que logren los sueños y las metas que tienen para su vida. Hemos aprendido que ellos desde el amor pueden lograr muchas cosas”, expresó.
Encontrarse en su tribu
Motores de por la Paz comenzó a trabajar su enfoque principal era fomentar el deporte en la infancia con la intención de abordar temas culturales, de integración y respeto. Con ese objetivo viajaron por Venezuela y al llegar a Mérida encontraron en el pueblo de Bailadores la historia de un niño al que llamaban “el brujo de Bailadores”.
“Lo que encontramos fue a un niño de 9 años con conocimientos de química, con conocimiento de matemáticas y con habilidades científicas muy por encima de lo esperado para su edad. Ahí entendimos que había una necesidad de esa familia y con esa idea en ese momento nos deslumbramos”, relató Gerardo Garcia, presidente de Motores por la Paz.

Al regresar a Caracas, comenzaron a formar un equipo de trabajo junto al doctor Jorge Portillo de la Unimet para iniciar un programa que se dedicara a la identificación, diagnóstico y construcción de respuesta para niños y jóvenes con altas capacidades intelectuales.
Valery y Mateo son solo dos de los cientos de perfiles que Órbita CI 130 ha atendido desde entonces. Este año varios de esos talentos iniciaron sus carreras universitarias en la Unimet, algunos de ellos incluso a través del programa de ingreso temprano, con el que pueden adelantar algunas asignaturas mientras terminan formalmente el bachillerato.
Ese grupo de nuevos ingresos fue convocado por la fundación en marzo para una charla, en la que se les aclaró que uno de los aspectos importantes de sus becas es que desde el primer periodo deben hacer investigaciones en sus áreas y, si es posible, conseguir alguna publicación académica.
Ante esa presión, Gerardo los motivó, pues confía en que todos ellos tienen la capacidad de afrontar el reto de la vida universitaria y recordó que ante cualquier duda o preocupación ellos estaban allí para apoyarlos.

Entre los talentos órbita también existe un cariño fraternal que resulta evidente, entre ellos se abrazan, hacen chistes y hablan de sus experiencias, de los diferentes que eran al resto de sus compañeros de escuela y de cómo les entusiasmaba ir a las tutorías del programa los fines de semana antes de tener la oportunidad de las becas universitarias.
La familia Pérez halló en ese grupo una tribu y un sentido de pertenencia que se veía lejano cuando Mateo lloraba porque no le gustaba ir a la escuela o cuando Valery enmascaraba su talento y carácter para no incomodar.
La entrada El ingenio de los padres venezolanos para potenciar el talento de niños con altas capacidades se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.
