El gran reto de Venezuela es alcanzar un crecimiento económico sostenible que no dependa exclusivamente del desarrollo petrolero, sino que avance sobre la base de sus ventajas competitivas y comparativas en los demás sectores productivos.
Las estadísticas muestran que, durante los últimos 50 años del siglo XX, Venezuela alcanzó importantes niveles de crecimiento en diversos sectores económicos, posicionándose entre las naciones con mayores indicadores de ingreso per cápita, Producto Interno Bruto (PIB), desarrollo humano y calidad de vida.
A pesar de las fluctuaciones generadas por las caídas en los precios del petróleo y sus efectos sobre la economía nacional, el país logró mantener elevados niveles de empleo, salarios y bienestar social, apoyado principalmente en la actividad desarrollada por el sector privado, que representaba cerca del 65 % del complejo empresarial nacional.
Mientras tanto, el Estado venezolano mantenía una participación predominante en actividades estratégicas como el petróleo, la minería y las empresas básicas. Parte de estas últimas fue privatizada posteriormente, lo que permitió cubrir la demanda nacional y fortalecer las exportaciones de productos como acero y aluminio.
Con el inicio del siglo XXI comenzó un proceso de expropiaciones e intervenciones sobre una parte importante del aparato productivo nacional, incluyendo sectores como electricidad, acero, aluminio, agricultura, ganadería, pesca, banca, hotelería, transporte, inmuebles, pesca, etc.
Uno de los principales desafíos ha sido la contracción de la actividad económica y sus efectos sociales, expresados en la reducción del consumo, el deterioro de indicadores de calidad de vida y la migración masiva de venezolanos durante las últimas décadas. Estudios internacionales estiman que la economía venezolana experimentó una de las mayores contracciones económicas registradas en tiempos de paz.El producto interno bruto se redujo a menos de un 30% del equivalente de la década de los 90, el salario promedio se redujo hasta un 10%, el consumo de carne alcanzó niveles muy por debajo del establecido por la Organización Mundial de la Salud, el ingreso per cápita se redujo a un 20% del 1999, los resultados están a la vista y las empresas, fincas, haciendas y hatos, de unas 15.000 estimadas menos de un centenar mantienen niveles de actividad económica aceptables, lo cual demuestra el fracaso del plan estatizador conocido como socialismo siglo XXI, pérdidas estimadas en 300 mil millones de dólares, incluyendo los miles de millones de dólares invertidos sin lograr mejorar producción, deterioro de un 99% de las empresas, inmuebles y fincas tomadas; las pérdidas patrimoniales causadas a los privados a los cuales se les despojo de sus propiedades sin indemnización, los recursos destinados por 20 años a sostener las perdidas de este complejo empresarial público, causantes de la inflación provenientes del Banco Central ( dinero inorgánico), no es posible ubicar un resultado que justifique el modelo estatista Siglo XXI.
Hoy, el gran desafío para Venezuela es impulsar reformas orientadas a recuperar la confianza, fortalecer la seguridad jurídica, promover la inversión privada y construir un modelo económico que armonice el rol estratégico del Estado con el desarrollo de una economía productiva, diversificada y competitiva sostenida en el libre mercado.
Vicente Brito
Presidente
Red por la defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución.
