
Con una infraestructura que arrastra al menos 30 años de obsolescencia y opera apenas al 25 % de su capacidad, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se encuentra en un punto de no retorno. Para el ingeniero electricista Ángel Rodríguez, la solución no es un tema de “rayos perpendiculares”, sino de una inversión que supera los 60 mil millones de dólares y una voluntad política que, hasta ahora, ha ignorado las recomendaciones de los expertos en la materia.
Por lapatilla.com
En el corto plazo y de manera urgente, Venezuela requiere 20 mil millones de dólares para, en principio, estabilizar el SEN. Esta cifra curiosamente se aproxima a los montos señalados en recientes tramas de corrupción en el sector petrolero. No obstante, la inversión requerida a mediano plazo asciende a los 40 mil millones de dólares, lo cual cubriría desde la Central Hidroeléctrica del Guri hasta las golpeadas redes de distribución en cada estado.
“La generación en Guri, responsable de gran parte de la energía en Venezuela, requiere una inversión técnica que no se ha realizado. Lo hemos alertado con insistencia: el sistema necesita mantenimiento y recursos, pero la conflictividad política ha impedido que estas inversiones lleguen tanto a la generación como a la distribución en los estados”, explicó el especialista.
A su juicio, lo que sucede actualmente es el escenario que tanto se quiso evitar tras años de sugerencias ignoradas. Aunque la población creció y la demanda se disparó, la inversión en la estructura eléctrica no corrió con la misma suerte. Rodríguez advierte que, aunque se genere energía, el sistema fracasa al llegar a las subestaciones.
Además, denuncia que las empresas del sector están “atadas de manos” al no contar con stock de repuestos, vehículos ni combustible para atender las fallas en las comunidades, lo que agrava el calvario de los ciudadanos.

El dilema de la recaudación
Uno de los puntos más álgidos que toca Rodríguez es la desaparición de la cultura de pago en el país. El ingeniero señala una contradicción social latente: mientras el sistema se desmorona por falta de financiamiento, persiste una resistencia a pagar por el servicio, incluso, cuando se destinan recursos a gastos mucho menos esenciales. Sin embargo, aclara que no se puede culpar solo al usuario, pues el Estado ha sido incapaz de suministrar medidores o establecer un esquema de cobro eficiente.
Para el caso específico de Monagas, el experto propone una salida práctica: si en ciudades como Maturín se estableciera una cuota mínima de apenas un dólar por vivienda -mientras se adecúa el sistema de medición-, se generaría un flujo de caja inmediato. Este dinero permitiría que las cuadrillas de Corpoelec recuperen su operatividad, comprando desde cauchos para los camiones hasta herramientas básicas, atacando el problema desde la raíz local ante la parálisis central de los organismos públicos.

La ilusión del “boom” petrolero
La preocupación del ingeniero va más allá de los bombillos apagados en los hogares. Rodríguez advierte que las pretensiones de reactivar la industria petrolera a gran escala podrían chocar de frente con la realidad energética. Actualmente, el sector industrial ya reporta una pérdida del 15 % en su capacidad operativa debido a las fluctuaciones.
De concretarse el regreso masivo de taladros y trasnacionales en zonas como la Faja del Orinoco, el sistema simplemente no aguantaría la carga, poniendo al país en la encrucijada de sacrificar el consumo residencial para poder producir crudo.
A esto se suma el justificado temor de los inversionistas extranjeros. Gigantes como Siemens o General Electric conocen el negocio, pero el historial de impagos y la falta de seguridad jurídica los mantienen alejados.
Para Rodríguez, sin un marco legal claro y una solución a la crisis política, ninguna empresa de envergadura pondrá sus dólares en un sistema donde las reglas cambian a conveniencia del funcionario de turno.

Occidente: la región más golpeada
Desde que comenzó la crisis eléctrica hace más de 15 años, la región occidental de Venezuela ha sido duramente golpeada por largos apagones. Los estados Zulia, Táchira, Mérida, Falcón, Lara, Trujillo, Barinas y Portuguesa, son los que más han sufrido a causa de las fallas eléctricas y la desidia del régimen que no ha invertido en la infraestructura.
En las últimas semanas, el estado Táchira es quizá el más afectado con cortes eléctricos de 12 horas al día en tres bloques de 4 horas o dos bloques de seis horas. La situación es de tal gravedad que, en comunidades como La Popita en la ciudad de San Cristóbal, sus habitantes llevan 11 días sin electricidad, lo que ha generado pérdidas en alimentos y electrodomésticos como neveras, microondas, aires acondicionados entre otros.
La ausencia de información y de un cronograma de cortes eléctricos por parte de la estatal Corpoelec, es la mayor queja de los venezolanos que a diario enfrentan la tragedia de la falta servicio que, incluso, está afectando el estado mental de los ciudadanos en general. No solo quienes deben salir todos los días a trabajar, sino a los niños que deben asistir a la escuela con cansancio por no haber podido dormir bien.

Expertos silenciados
El especialista lamenta que en Venezuela se le haya dado la espalda a las energías alternativas. Proyectos eólicos en Falcón y la Gran Sabana, que pudieron aliviar la dependencia del Guri, hoy son solo estructuras olvidadas. Mientras otros países aprovechan las altas temperaturas y los rayos solares para generar energía, en Venezuela el sol es usado como argumento en el discurso oficial para justificar los apagones.
Lo más paradójico, según Rodríguez, es el aislamiento de la comunidad científica y técnica. Ni el Colegio de Ingenieros ni las asociaciones especializadas han sido convocados para aportar soluciones.
El experto concluye que mientras se siga priorizando la centralización sobre el federalismo y la política sobre los criterios técnicos, los venezolanos continuarán con la angustia de que ocurra otro apagón, como el de marzo de 2019. Estamos siendo testigos de cómo el Sistema Eléctrico Nacional se va apagando aceleradamente, afectando al aparato productivo y dejando a oscuras a todo un país.
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