
Cuando el 19 de diciembre del 2025,Luis Andrés Monterroso López, de 29 años, pisó por primera vez en tres años el suelo guatemalteco, estaba muy enfadado. Vestido con un mono gris y pantuflas azul oscuro, el uniforme de los migrantes detenidos en Estados Unidos, hablaba con su madre por teléfono, sentado en el exterior de la sede de la Fuerza Aérea de Guatemala, donde aterrizan los vuelos de los deportados. “Ni a los animales los tratan así. Vine amarrado de pies y manos”, le contaba, indignado.
Por El País
En la bolsa de plástico con su nombre y el número de identificación que le dieron en el centro de detención de Alvarado, en Texas, tenía dos hojas: el documento de salida voluntaria y un papel con instrucciones para cobrar 1.000 dólares (853 euros). La cantidad era una especie de bonificación que los agentes del ICE, el servicio de control de inmigración y aduanas de EE UU, prometen a migrantes detenidos sin antecedentes penales, a cambio de que acepten su salida voluntaria.
“Y todos firmamos por salir de la cárcel y no por el dinero, que por lo que sé, nadie consigue cobrarlo. Pero igualmente lo intentaré”, dijo ese día Monterroso a este periódico.
En la hoja de instrucciones se indicaba que el dinero estaría disponible cinco días después, accediendo a la página web mail.cbp-stipend.com con elnombre de usuario y contraseña indicados. A los días de regresar a Quesada, en el departamento de Jutiapa, Monterroso siguió las indicaciones al pie de la letra y fue redirigido a la plataforma Zoho, software utilizado por el Departamento de Seguridad Nacional de EE UU para, supuestamente, comunicarse con quienes firman su salida voluntaria del país.
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