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Desde que Hércules llegó a la casa de Andy y Maggie Robin en Sheriffmuir, cerca de la ciudad de Dunblane, en el centro de Escocia, los tres se volvieron inseparables.
Por: BBC
Comenzaban el día desayunando juntos en la cocina (café endulzado con leche condensada y azúcar, huevos, salchichas) y pasaban el resto de la jornada jugando, entrenando o simplemente haciéndose compañía.
Pero aunque se comportaban a todas luces como una familia, eran sin duda un trío muy particular.
Y es que Hércules -o Herc, para los conocidos- no era un ser humano, era un oso.
Sí, uno oso gris (Ursus arctos horribilis) que la pareja adoptó cuando era un cachorro de nueve meses, y que cuando se hizo adulto sobrepasó los 2,50 metros de altura y llegó a pesar más de 190 kilos.
Igual que un hijo
Maggie siempre se interesó por los animales. Criada en una granja en Escocia, cuenta que su primer amor fueron los caballos. De niña aprendió a cabalgar y ganó premios en competencias de salto.
Así que cuando su esposo Andy –un carismático leñador y campeón de lucha libre que le llevaba más de 15 años- le propuso adoptar un osezno, no lo dudo ni por un segundo.
“Me acuerdo la primera vez que Andy me comentó: ‘¿Qué dirías si te cuento que estoy pensando en tener un cachorro de oso?’ Lo que nunca me imaginé es la vida que tendríamos, que esto se transformaría en una relación mágica”, le dice Maggie a la BBC.
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