
La maratoniana declaración de Koldo García en el Tribunal Supremo por el juicio de las mascarillas tenía un objetivo claro: mostrar lealtad al que fue su jefe, el exministro José Luis Ábalos, a pesar de que ello pudiese traer consecuencias en la sentencia. El exasesor tuvo la oportunidad de colaborar durante sus siete horas de declaración. Pero, en cambio, optó por negarlo casi todo y rebatir algunas de las pruebas plasmadas en los informes elaborados por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. “Toda mi vida le estaré agradecido”, espetó al aire en diversas ocasiones.
Por Vozpópuli
Con manos temblorosas y una ristra de papeles en mano, el exasesor se sentó en el banquillo de los acusados para responder, en primer lugar, a las preguntas formuladas por el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, que siempre ha defendido que la trama siempre tuvo “ánimo de enriquecerse” en sus gestiones para la compra de material material sanitario.
La primera pregunta fue clara. «¿Cómo conoció al exministro? Según su versión, el primer contacto se produjo en un acto político, un encuentro que marcaría el inicio de una relación de creciente cercanía. A partir de ahí, comenzó a prestar servicios para el partido: primero al volante, como conductor de Ábalos, y más adelante, ya con su desembarco en el Ministerio de Transportes, como asesor de confianza encargado de tejer y ordenar una agenda cada vez más exigente. “Intentaba agendarlo todo”. El objetivo era intentarle adelantar el trabajo y aseguró que, en muchas de las ocasiones, “el pobre” no se enteraba de “algunas cosas”.
El interrogatorio también giró en torno al piso de Plaza de España en el que Jésica Rodríguez vivió durante casi dos años y que fue pagado, en su mayor parte, por Alberto Escolano, socio del acusado Víctor de Aldama. Esta mujer, a la que se refirió en todo momento como “señorita” formó parte de la vida del exministro y aseguró que a Ábalos le tenía “cogido por los huevos”. Le presionó y le amenazó con sacar a la luz su relación extramatrimonial para hacerle “caer” ante la opinión pública. Y dijo, en varias ocasiones, que jamás se quiso meter en ese asunto.
Pero a Rodríguez no solo se le facilitó un piso, al que ella misma se refería como una “casita de novios”, sino también dos puestos en empresas públicas a los que, según su propio testimonio, nunca llegó a acudir, pese a percibir el salario mínimo interprofesional. A día de hoy, sigue siendo una incógnita saber el nombre de la persona que ‘fichó’ a la exnovia del entonces ministro.
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