
Vladímir Putin ha encadenado en apenas dos semanas el despliegue propagandístico más intenso de su arsenal estratégico desde el comienzo de la guerra en Ucrania. Entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre de 2025, el Kremlin anunció pruebas del misil de crucero de propulsión nuclear Burevéstnik y del torpedo submarino Poseidón, y reafirmó que el misil balístico intercontinental RS-28 Sarmat entrará en servicio “muy pronto”.
Por La Razón
A esos tres sistemas se suma un cuarto vector, más opaco y aún en fase de desarrollo, la presunta capacidad nuclear antisatélite asociada al satélite Cosmos?2553, que Estados Unidos y sus aliados consideran un eslabón de un programa orbital prohibido por el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967. Son los cuatro ‘jinetes del Apocalipsis’ con los que Moscú pretende recordar a Washington y a la OTAN que sigue siendo una superpotencia nuclear capaz de imponer su voluntad estratégica.
El Poseidón, un dron submarino no tripulado
El más espectacular es el Poseidón, un dron submarino no tripulado de unos 24 metros de eslora y cerca de dos metros de diámetro propulsado por un pequeño reactor nuclear, dotado de guiado autónomo asistido por inteligencia artificial y diseñado para transportar una cabeza termonuclear de hasta dos megatones a profundidades superiores al kilómetro y a velocidades cercanas a los 70 nudos.
“No hay nada parecido en el mundo, no existen métodos de interceptación”, afirmó Putin en octubre. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, fue más explícito en redes sociales: “A diferencia del Burevéstnik, el Poseidón puede considerarse, en el pleno sentido de la palabra, un arma del Juicio Final”.
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