
La reciente excarcelación de Alexander Díaz Rodríguez, de 45 años, está generando conmoción internacional tras difundirse imágenes que muestran su estado extremo de desnutrición y deterioro físico luego de cinco años en prisión.
Por Gastón Calvo | Infobae
El caso, revelado por la ONG Prisoners Defenders, expone una vez más las condiciones a las que se enfrentan los disidentes en el sistema penitenciario de la isla.
Tras salir del penal, luego de cumplir íntegramente su condena, Díaz Rodríguez evidencia costillas marcadas, un rostro demacrado y una salud visiblemente afectada. Pese a padecer cáncer de garganta y tiroides, no recibió tratamiento oncológico adecuado ni acceso a una dieta apropiada.

El propio presidente de Prisoners Defenders, Javier Larrondo, relató en diálogo con Infobae la primera videollamada que mantuvo con el ex preso: “Quería felicitarle, pero estaba hablando con un ser humano auténticamente en los huesos, destruido completamente. Ya sabíamos que estaba fatal. Hemos luchado durante años por su vida”. El activista resaltó que este caso “es una muestra gráfica de lo que sucede en las cárceles cubanas con quienes se oponen abiertamente al Gobierno”.
La reclusión de Díaz Rodríguez comenzó tras su participación en las protestas masivas del 11 de julio de 2021. Ese día, miles de cubanos salieron a las calles en distintas ciudades para exigir cambios políticos y libertad. El arresto ocurrió en Artemisa, donde el opositor se sumó a las manifestaciones. A pesar de su delicado estado de salud, agravado por la falta de alimentación y medicamentos, las autoridades rechazaron en reiteradas ocasiones sus solicitudes de licencia extrapenal, justificando la negativa por su “condición de contrarrevolucionario”, según narraron sus familiares.

La reclusión de Díaz Rodríguez comenzó tras su participación en las protestas masivas del 11 de julio de 2021. Ese día, miles de cubanos salieron a las calles en distintas ciudades para exigir cambios políticos y libertad. El arresto ocurrió en Artemisa, donde el opositor se sumó a las manifestaciones. A pesar de su delicado estado de salud, agravado por la falta de alimentación y medicamentos, las autoridades rechazaron en reiteradas ocasiones sus solicitudes de licencia extrapenal, justificando la negativa por su “condición de contrarrevolucionario”, según narraron sus familiares.
Durante su estancia en prisión, el deterioro físico y los problemas médicos se agravaron. El ex preso sufrió anemia, hepatitis B, diarrea recurrente e inflamación de las extremidades, mientras la atención médica resultó insuficiente. Su madre denunció episodios de golpizas y la privación de alimentos que ella misma intentaba suministrarle, hechos que contribuyeron al cuadro de desnutrición.
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