
La realidad económica de Venezuela no se mide en los discursos oficiales, sino en el complejo día a día de las familias que intentan estirar un presupuesto que literalmente se deshace entre los dedos.
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Así lo manifestó Giovanni Anuel, coordinador del partido Gente Emergente en el municipio San Fernando, al alertar sobre el incremento sostenido en la tasa del dólar oficial por parte del Banco Central de Venezuela.
A su juicio, la ecuación macroeconómica actual se ha tornado destructiva para el ciudadano de a pie, ensañándose con los sectores más vulnerables del país.
Por un lado, los trabajadores, desde los educadores y el personal de salud hasta los empleados públicos y obreros, reciben sus sueldos y bonificaciones rezagados en bolívares, mientras que el comercio local, adaptado a una dolarización de facto para poder sobrevivir, mantiene sus precios rígidamente anclados a la divisa estadounidense.
“En los mercados populares, abastos y calles de la región se repite constantemente una frase dramática que resume con exactitud este sentir: cobramos en una moneda que se evapora y consumimos al ritmo de una moneda que nunca alcanzamos”, indicó.
Para el coordinador municipal de Gente Emergente, es imperativo llamar a las cosas por su nombre y dejar de atribuir la crisis a factores exógenos.
Sostuvo que la actual coyuntura no responde a un fenómeno de la naturaleza ni a una fatalidad inevitable, sino que es la consecuencia directa de políticas económicas erradas que han sido incapaces de estabilizar al bolívar o de indexar los ingresos de la población de forma justa y sustentable.
Mientras el discurso oficial suele hablar de una supuesta recuperación económica, el bolsillo del trabajador cuenta una historia muy distinta, porque la brecha existente entre el costo real de la canasta alimentaria y el ingreso familiar se ha transformado en un abismo insalvable.
Anuel aclaró que su pronunciamiento, más que una denuncia política, constituye un acto de profunda solidaridad con la masa trabajadora apureña.
Hizo un reconocimiento público a la dignidad de los padres y madres de familia que hacen milagros para llevar el sustento a sus hogares.
Considera que la economía de un país debería estar al servicio de su gente y no al revés, por lo que el trabajador merece sueldos estables y un poder adquisitivo real que le permita planificar su futuro y no solo sobrevivir las próximas 24 horas.
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