Siete años pasaron desde la última vez que un avión proveniente de Estados Unidos aterrizó en Venezuela. En ese tiempo, el mundo vivió una pandemia, dos Juegos Olímpicos, el ascenso de la inteligencia artificial e incluso un viaje a la Luna. Quizás una de las pocas constantes es que, tanto en ese momento, como ahora, Donald Trump estaba en la Casa Blanca.
Ahora, 30 de abril de 2026, en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, los murmullos de pasajeros y trabajadores llenaban el corredor del terminal. Arriba, en la pantalla, se anunciaba que el vuelo 3599 de American Airlines, procedente de Miami, llegaría alrededor de la 1:36 pm. Era el primero de una ruta abierta en un momento de acercamiento entre ambos países, con una frecuencia diaria.

El área para el check-in de American Airlines está al final del terminal internacional, justo al lado de la gran lámina de plástico que recrea en la pared la Cromointerferencia de color aditivo del piso del aeropuerto. La emblemática obra de Carlos Cruz-Diez, que en los últimos años se convirtió en un símbolo de despedidas y del duelo migratorio, ahora parecía acoger una fiesta, con un arco de globos blancos, rojos y azules (los colores de la bandera estadounidense) recibiendo a los pasajeros que hacían fila para entregar sus maletas.
Luego de que ejecutivos de la aerolínea cortaron el listón inaugural en el arco, un militar venezolano en uniforme de gala recibía a los pasajeros para una primera revisión antes de ir al check-in. Un saxofonista amenizaba el ambiente tocando un popurrí de canciones pop y música venezolana. Muchos de los viajeros en la fila sentían una mezcla de emoción e incomodidad, sobre todo al sentirse escrutados por decenas de cámaras que los registraban como los pioneros de un hito histórico.
Ta’ barato dame dos

Hubo un tiempo en el que viajar a Miami era tan rápido y sencillo como ir a Margarita o Choroní. Durante la década de los setenta, una Venezuela Saudita en el boom de su renta petrolera era recibida en los aeropuertos con pasajes tan baratos que le permitían a la clase media viajar los fines de semana a conocer Disney World o hacer shopping en los malls de moda. Aquella época de delirio consumista incluso quedó registrada en el documental de Carlos Oteyza Mayami Nuestro (1981) y películas como la comedia satírica Adiós Miami (1984).
Décadas después, ahora con los venezolanos estigmatizados y deportados por el Estados Unidos que alguna vez le abrió las puertas, el panorama era diferente. El 15 de marzo de 2019, American Airlines anunció la suspensión de sus vuelos a Caracas y Maracaibo. Fue la última aerolínea estadounidense en bajar la santamaría en Venezuela, pues otras como United Airlines y Delta Airlines ya habían dejado de operar desde 2017.
«La protección y seguridad de los miembros de nuestro equipo y nuestros clientes es siempre nuestra prioridad y American no operará en países que no consideramos seguros«, dijo en ese entonces la empresa en un comunicado. En ese momento, Estados Unidos y Venezuela habían roto relaciones bilaterales y todos sus diplomáticos fueron expulsados por el entonces mandatario Nicolás Maduro, en una escalada de tensiones con la primera administración de Donald Trump. El quiebre ocurrió luego de que la Casa Blanca reconociera al parlamentario opositor Juan Guaidó como el legítimo presidente interino de Venezuela.

Muchas cosas son distintas en el país desde entonces. Tras la captura de Maduro por fuerzas militares estadounidenses el 3 de enero de 2026, la Casa Blanca reconoce un nuevo gobierno encargado, ahora encabezado por la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez. Aunque la cúpula del oficialismo prácticamente quedó intacta, el ataque cambió por completo la dinámica del gobierno con Estados Unidos, desplazando las consignas antiimperialistas por reuniones en el Palacio de Miraflores con altos funcionarios del gabinete de Trump y empresarios de transnacionales.
Justamente uno de esos nuevos invitados internacionales venía en el vuelo de American Airlines. Jarrod Agen, director del Centro Nacional de Dominio Energético de Estados Unidos, llegó acompañado de una comisión de ejecutivos para continuar el trabajo adelantado por otros funcionarios estadounidenses de concretar acuerdos en el sector energético. Adelantó que de estas reuniones con las autoridades interinas y empresas como Repsol, ENI o Hunt Oil, saldrían importantes anuncios en materia de petróleo, gas y minería.
Conectividad y progreso

De alguna manera, el vuelo Caracas-Miami era un reflejo de este “nuevo momento político”, como lo ha bautizado el gobierno interino. En una misma sala, en declaraciones para la presa, estaba un grupo tan diverso como particular: la ministra de Transporte, Jacqueline Faría; el viceministro para Norteamérica y Europa, Oliver Blanco; el vicepresidente de Operaciones de American Airlines, José Antonio Freig; y el nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett.
Mientras Faría celebraba el retorno de los vuelos como una oportunidad para Venezuela de posicionarse como un punto de conectividad aérea, con más de 100 mil pasajeros estimados para este año, Barrett recalcó el avance del plan de tres fases de la administración Trump para Venezuela: estabilización, recuperación y transición. “En esta etapa nos enfocamos en la rehabilitación económica”, acotó.

Entretanto, Freig celebró el regreso de American Airlines, informando que a partir del 21 de mayo se duplicará la frecuencia de la ruta a dos vuelos diarios, siendo la conexión más larga de la aerolínea en la región. También asomó su esperanza de reanudar en un futuro los vuelos a Maracaibo. “Es un día histórico tener nuestro vuelo después de siete años, teníamos muchas ansias de volver porque es un mercado muy importante para nosotros”, dijo.
Para muchas personas, este vuelo representa un deseo cumplido, sobre todo para aquellos que viajan con frecuencia a Estados Unidos. Óscar Fuentes, uno de los pasajeros de este vuelo inaugural, comentó a El Diario que ahora puede ahorrar tiempo en sus vuelos, evitando el estrés de hacer escala en Punta Cana (República Dominicana) para volar hasta Fort Lauderdale (Florida) y de allí tomar otro vuelo a Texas. “Me voy esta tarde y si Dios quiere esta noche ya estoy durmiendo en Houston”, celebra.
Saludo de agua

En la pista del aeropuerto, el sol abrasaba el metal brillante de los aviones estacionados en sus puertos y el olor a salitre evocaba la cercanía del mar. A lo lejos, un pequeño punto en el cielo captó las vistas de toda la comitiva que salió a esperar su llegada. En minutos, el punto se convirtió en un avión Embraer 175 que aterrizó sin mayores problemas, entre los aplausos de los presentes.
La nave, con capacidad para 75 pasajeros, salió del Aeropuerto Internacional de Miami a las 10:55 am. En este terminal, al igual que en Maiquetía, se hizo una fiesta para inaugurar su puesto de check-in, en su caso con globos amarillos, azules y rojos, así como banderas de Venezuela por todos lados. Música criolla acompañó su despegue, y en el aire las azafatas sirvieron a los pasajeros tequeños y arepitas como botana.

Lo más llamativo del Embraer 175 era su rotulado, con letras grandes de American Eagle, la marca de American Airlines para sus vuelos regionales, en este caso operados a través de su filial Envoy Air. En su cola, los colores alusivos a la bandera estadounidense, celebrando el 250 aniversario de la Independencia de ese país. Un día antes, el secretario de Transporte, Sean Duffy, había presentado en redes sociales el nuevo diseño conmemorativo, resaltando su estreno en el vuelo inaugural a Venezuela.
Al acercarse a la puerta 16 de Maiquetía, dos camiones de bomberos que hicieron un saludo de agua, y el avión pasó bajo su arco como gesto de bienvenida. Al detenerse, una de las ventanas de la cabina se abrió y el piloto sacó una bandera de Venezuela, que ondeó movida por el viento del Caribe, expandida sobre el armazón del avión.

Poco después, los pasajeros comenzaron a bajar. Con ojos entrecerrados por el sol, descendieron por la escalera hasta la pista, donde los esperaban decenas de funcionarios venezolanos, entre la comisión encabezada por Jacqueline Faria y Oliver Blanco, como por guardias nacionales y personal de seguridad. Varios periodistas de cadenas estadounidenses salieron de una vez con sus cámaras documentando sus primeros minutos en Venezuela.
Muchos periodistas y hombres con trajes fueron sucedidos ya por otro tipo de pasajeros, para quienes la vista del mar y el calor del litoral ya les resultaba familiar y les dibujaba una sonrisa en el rostro. A varios se les entregó en el avión banderas de Venezuela que llevaban en la mano junto a su equipaje de mano. Una señora la agitó con alegría mientras su esposo, vestido de short y chemise, la ayudaba a bajar las escaleras.
Hombres de acción

Casi al final, Jarrod Agen apareció en la puerta y descendió del avión. Sus lentes de sol hacían fuego con su traje gris oscuro y corbata negra. A su lado estaba el encargado diplomático de Venezuela en Estados Unidos, Félix Plasencia, y el subsecretario de Políticas del Departamento de Transporte, Ryan McComarck, entre otros funcionarios igual de trajeados y con lentes de sol. Agen caminó con confianza, estrechando manos y haciendo sentir su presencia. Junto a Faria, Barrett y Blanco, cortó un lazo con el tricolor venezolano, para cerrar los rituales de inauguración de la nueva ruta aérea.
En sus declaraciones para la prensa estadounidense que lo acompañó en el vuelo, calificó el momento como “una celebración”, producto del trabajo exhaustivo de su oficina con el Departamento de Transporte. Ya a principios de mes, American Airlines había anunciado su intención de reabrir la conexión luego de que se levantaran sanciones contra la aviación venezolana, así como las restricciones de viaje impuestas meses atrás durante la escalada militar contra Nicolás Maduro.

Agen destacó que el gobierno estadounidense logró en semanas una reactivación aérea que bajo otras circunstancias habría tomado meses, llamando a Trump “un hombre de acciones”. En esa misma línea, se comprometió a avanzar en su visita a mantener esa misma velocidad para la firma de acuerdos de cooperación energética entre Venezuela y las corporaciones privadas.
Con menos seguridad al hablar, Barrett trató de esquivar las preguntas de los periodistas estadounidenses sobre los tiempos para avanzar hacia una transición con elecciones democráticas en Venezuela. Se limitó a reiterar que está enfocado en consolidar la fase de recuperación económica, aunque asomó que el país actualmente se encuentra “en buena posición” para su tercera fase.

Muchos de los pasajeros que llegaron en este primer vuelo desde Miami debieron confrontar las desventuras de la realidad venezolana al salir de la burbuja del aeropuerto y trasladarse a Caracas. Esa tarde encontraron una ciudad con el tránsito colapsado por una “peregrinación” oficialista encabezada por Delcy Rodríguez, tras una marcha que ya se siente como acto de campaña. También con las noticias de una marcha de gremios y sindicatos que fue reprimida en su intento de dirigirse al Palacio de Miraflores para exigir mejores condiciones salariales.
Bajo esa dualidad del caos y la agitación política, de una economía que se abre al capital extranjero pero sigue siendo incapaz de garantizar sueldos dignos para sus trabajadores, muchos quizás entendieron algo: tener alas para volar no necesariamente es sinónimo de libertad.
La entrada El primer vuelo Caracas-Miami trajo nuevas expectativas a un país lleno de incertidumbres se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.
