
Recientemente se hicieron virales videos de las afueras de la contratista Hafran, ubicada en el municipio Los Taques del estado Falcón, justo frente a la refinería Amuay, ya que después de varios años, volvieron a captar personal para lo que sería «la nueva era de la industria».
Por lapatilla.com
Aunque la noticia alegró a muchos falconianos, quienes incluso pernoctaban en cola para censarse e introducir documentos, el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros y Gasiferos del Estado Falcón (Sutpgef) ha denunciado que los salarios son de hambre y calificó esto como la «esclavitud moderna en la industria petrolera».
Iván Freites, secretario general de Sutpgef, precisó que los trabajadores ganan 10 dólares semanales y aseguró que no es un error, sino un crimen laboral.
«Hafran somete a trabajadores a condiciones de miseria mientras les pide paciencia y silencio. El trabajador petrolero no es esclavo, es un profesional que arriesga su vida en operaciones críticas. Este nivel de salario destruye la dignidad, pulveriza la familia y liquida cualquier posibilidad de productividad real, dijo.
Denunció lo que denominó un modelo de explotación que pretende normalizar el hambre dentro de la principal industria del país. «Exigimos aumento inmediato, salarios reales y respeto a la ley.
El trabajador no puede seguir pagando la crisis con su vida».
Detalló que la reconocida contratista que presta servicios en las refinerías Amuay y Cardón, pide una serie de documentos a los trabajadores y les ofrece un bono de transporte, la tarjeta de alimentación y 10 dólares semanales al cambio del día en bolívares. Así mismo, les informaron que esperarán el aumento de salario que pueda darse a partir del 1 de mayo para posiblemente mejorar el salario.
En el estado Falcón, las contratistas ofrecieron bonos en dólares, aunque son pagados en bolívares. Esto hizo que los petroleros quisieran volver a la industria, porque el salario base de la contratación colectiva o lo que se conoce como salario «petrolero», escasamente llega a 10 dólares semanales, que no les alcanza ni para cubrir la vianda.
Por esta misma razón, hubo varias contratistas que quedaron debiéndoles a unos 120 trabajadores de las refinerías Amuay y Cardón, cantidades que van desde 200 dólares hasta 15.000 dólares, dependiendo del cargo y los horarios.
La mayoría desistió de exigir los pagos luego de varias protestas, pero tampoco volvieron a prestar servicios con aquellas contratistas que quedaron como deudoras y que alegaban que Pdvsa no les pagó la contratación.
Persecución sindical en Cardón IV
Freites también denunció que por parte de Repsol y ENI hay presuntamente explotación laboral en el proyecto gasífero de Cardón IV, lo que constituye una violación a la Ley del Trabajo vigente.
«Un trabajador en los campos de gas natural, en una de las áreas más estratégicas del país, recibe apenas 35 bolívares semanales y, tras un mes de trabajo, es liquidado con 108 bolívares. Esto no es salario, es miseria institucionalizada.
Estamos frente a un modelo donde el trabajador produce riqueza, pero es condenado a la pobreza extrema, al mejor estilo cubano donde la norma es la tercerización empresarial, es decir, cuando las corporaciones internacionales no son el contratante directo del trabajador sino una o varias empresas intermediarias.
Puede que no sea ilegal, pero cuando los salarios son de miseria, es inmoral. Esto tiene nombre: esclavitud, capitalismo salvaje. Se paga lo mínimo, se eliminan derechos y se reduce al trabajador a una condición de supervivencia.
Pero hay algo aún más grave: se persigue a la organización sindical que denuncia los atropellos. El sindicato Sutpgef no es reconocido, y todo trabajador que se afilia o ejerce su derecho, es despedido. Así operan: con miedo, con persecución, con silencio impuesto», dijo.
La noticia no descansa y nosotros tampoco
