
El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, salió este lunes 11 de mayo a intentar contener el creciente malestar dentro de las bases rojitas luego de las recientes declaraciones de Mario Silva, quien dinamitó públicamente a la cúpula de Miraflores por el acercamiento con Estados Unidos y el nuevo rumbo político del régimen.
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Durante una actividad política, Cabello defendió el uso de los símbolos nacionales y justificó la apertura hacia sectores anteriormente señalados como enemigos del chavismo, en medio de la molestia que existe en parte de la militancia radical por las alianzas impulsadas desde Miraflores.
“Yo siempre me voy a poner mi camisa roja, pero cuando me tengo que poner la camisa de Venezuela, me pongo la camisa de Venezuela”, soltó Cabello, en lo que muchos interpretaron como una respuesta directa a Silva y al sector duro que se niega incluso a abandonar el rojo chavista.
Las declaraciones llegan pocos días después de que Silva estallara en redes sociales contra la cúpula gobernante y denunciara que “le arrebataron el poder al pueblo”, acusando además al aparato político de tomar decisiones “a espaldas de las bases rojitas”.
El conductor de La Hojilla también dejó claro su rechazo al nuevo discurso oficialista y a los movimientos impulsados por Delcy Rodríguez y el círculo de poder instalado en Miraflores tras la captura de Nicolás Maduro. Incluso cuestionó que el supuesto debate nacional esté siendo manejado por “esa cúpula que ha decidido, dicho sea de paso, inconstitucionalmente violando nuestra soberanía”.
Mientras Silva insiste en denunciar una supuesta “traición” al proyecto chavista original y rechaza vestir de azul, Cabello ahora intenta vender la narrativa de una “Venezuela unida”, buscando apagar el incendio interno que ya empieza a notarse entre dirigentes, propagandistas y sectores radicales del chavismo.
Además, Cabello criticó a quienes cuestionan la apertura política y económica del régimen, asegurando que esos sectores “no tienen patria” y solo buscan dividir.
Sin embargo, las fracturas dentro del oficialismo cada vez son más visibles, especialmente después del acercamiento entre el régimen y Washington, la flexibilización de sanciones, el regreso de empresas estadounidenses y las nuevas alianzas promovidas por la cúpula instalada en Miraflores.
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