
En la madrugada del 20 de septiembre de 2017, un violento hecho ocurrió dentro de una casa ubicada en la ciudad de Everett, en el estado de Washington. En un momento, alguien tocó la puerta mientras los tres hijos de Kevin Lewis y Amanda Canales dormían. La tía de los chicos, Alisha Canales-McGuire, era quien los cuidaba esa noche, así fue quien se acercó a abrir. Antes de que pudiera reaccionar, recibió varios disparos y murió en el acto.
Por TN
En la escena, no hubo forcejeos ni señales de robo. Todo indicaba que no se trataba de un hecho al azar. Horas después, todo empezaría a reconstruirse como parte de una trama mucho más compleja: un plan de asesinato por encargo que tenía otro objetivo, pero que terminó de la peor manera.
La investigación apuntó rápidamente a una hipótesis: el ataque no estaba dirigido a Alisha. Según determinaron después, la persona a la que buscaban matar era Amanda, su hermana. Y detrás de ese plan estaba su expareja, Kevin Lewis.
Una separación violenta
Amanda y Lewis habían estado juntos durante casi una década y tenían tres hijos en común. Según contó ella misma después, durante su matrimonio sufrió episodios de maltrato emocional que con el tiempo escalaron a violencia física. Por este motivo, la separación no fue fácil.
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