
?El pasado 7 de marzo, Venezuela conmemoró con secuelas aún vigentes, los siete años del gran apagón nacional de 2019. En el estado Zulia, la efeméride no es un ejercicio de memoria, sino una condena presente.
?Por LaPatilla.com
?Este 16 de marzo la realidad golpeó con crudeza a los habitantes de las parroquias José Domingo Rus y San Francisco, del municipio homónimo, con una «triple tanda» de racionamientos y constantes fluctuaciones eléctricas.
Esta situación termina por quebrar la resistencia de la gente que no solo está molesta, sino física y emocionalmente agotada.
?A bordo de un «carrito por puesto» de la ruta La Coromoto, los cuatro pasajeros lucían exhaustos y ojerosos; el mal humor se respiraba en la unidad. Una dama exclamó: «¡Solo dormí tres horas y ahora debo atender a 22 niños de tres años en el aula! De verdad, siento que tienen algo en nuestra contra. Es el estado donde más se va la luz. Aquí voy con fatiga y dolor de cabeza. Hay que trabajar a juro porque, si no, menos comemos», añadió la mujer.
?Lo que se vive en las barriadas y urbanizaciones de los municipios San Francisco, Maracaibo y Lagunillas ha trascendido la crisis de servicios públicos para convertirse en una crisis de salud pública.
Este mes, los ciudadanos han lidiado con temperaturas que superan los 40 °C, lo que sumado a la falta de electricidad, califican como un ataque directo al sistema nervioso de las personas.
?La crisis eléctrica ha impuesto una dinámica de supervivencia que trastoca toda actividad cotidiana en el Zulia. Esta situación recrudeció en enero de 2026 y se espera que para el próximo 19 de marzo las autoridades del Gobierno Nacional emitan un diagnóstico para saber si los cortes continuarán o serán levantados.
?En el municipio San Francisco, el tiempo no se mide en horas, sino en bloques de energía. El comercio agoniza entre puntos de venta sin señal y cavas refrigeradas que pierden su batalla contra el calor, además del gasto extra que acarrea activar una planta para mantener operativos, al menos, los computadores y puntos de venta durante las horas sin servicio.
?A pesar de las reiteradas promesas de estabilización del sistema y los trabajos en las líneas de transmisión, los «bajones eléctricos» siguen siendo el pulso constante de la región.
El aniversario del apagón de 2019 solo sirve para confirmar una verdad dolorosa: para los habitantes del Zulia, la oscuridad nunca se fue del todo.
?Ámbar Castellanos, habitante de la entidad, declaró sentirse decepcionada y cansada. Asegura que siente que «rema contra la corriente» en todo momento y lugar.
?»Aquí no podemos tener una planificación, toca vivir como te lo ponga este Gobierno. Ni siquiera pueden anunciar un cronograma para que uno esté preparado. Esta gente es más de lo mismo: puro ensayo y error», sentenció Castellanos.

