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Ángel MontielOpinión

Vía crucis zuliano, por Ángel Montiel

La Semana Santa en el Zulia no se conmemora, se padece. Mientras el calendario litúrgico marca el camino de la Semana Santa, el ciudadano recorre su propio suplicio. No es una representación teatral. Es la vida misma convertida en sacrificio cotidiano que desafía la resistencia humana.

Cada apagón representa una caída estrepitosa en este camino de espinas. El maracaibero carga el peso de un sistema eléctrico que se desploma justo cuando la fe pide un respiro. La oscuridad no es solo la falta de luz, es la parálisis de la vida moderna. La sombra es el único consuelo en una ciudad que arde.  Aquí, el descanso es un lujo que la ineficacia ha confiscado por decreto. Los ventiladores se detienen y el sueño se convierte en una agonía térmica que agota el cuerpo y el espíritu.

El transporte público es otra estación de este tormento. El sistema es hoy una reliquia del pasado. Las unidades que circulan muestran las cicatrices del abandono y la falta de inversión. Los buses y carritos por puesto son cascarones metálicos que desafían las leyes de la mecánica. El ciudadano padece largas esperas en las paradas bajo un sol inclemente que agota cualquier reserva de paciencia. Moverse por la ciudad es una expedición de alto riesgo.

La precariedad del transporte se suma el golpe en el bolsillo. El alto precio de los pasajes pulveriza el salario en apenas unos días de movilización. Las tarifas suben son control oficial, dejando al usuario a merced de la especulación. El trabajador gasta gran parte de su ingreso solo en el traslado hacia su puesto de labor. Esta realidad fractura la dinámica económica del estado y condena a la inmovilidad de los sectores más vulnerables. El derecho al libre tránsito es ahora una mercancía costosa y escasa.

El ayuno forzado también marca la pauta de estos días santos. La tradición de comer pescado es ahora un ejercicio de aritmética básica y frustración. El presupuesto familiar dicta una penitencia que no eligió el espíritu, sino la economía devastada. El mercado es un escenario de asombro y privación. 

Como el relato bíblico, el pueblo también clama por agua ante tuberías que permanecen secas y silenciosas durante semanas. La sed no es una metáfora religiosa, es una urgencia biológica que nadie resuelve.

La infraestructura del estado parece detenida en el tiempo. Las carreteras muestran las huellas del descuido permanente. Mientras la propaganda del gobierno regional y la alcaldía de Maracaibo anuncian planes de recuperación, la realidad en las paradas cuenta una historia distinta. El caos y la anarquía dominan el sector ante la ausencia de una autoridad que organice el servicio. El transporte en ruinas no es solo un problema logístico, es una barrera que impide el progreso.

A pesar de todo, los templos se llenan. La fe de los zulianos es inquebrantable. El fervor religioso funciona como el último refugio frente a una realidad que golpea sin misericordia. En los templos de la Basílica y la Catedral de Maracaibo, los cantos y el murmullo de las oraciones son un grito de rebeldía civil. Se reza por la salvación del alma, pero también por la redención de una tierra que merece mejores días.

En medio de tantas tinieblas, surge una noticia que promete aliviar la carga de este calvario. Las empresas General Electric y Siemens proyectan la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional. Ambas multinacionales han iniciado evaluaciones técnicas para revitalizar las unidades de generación eléctrica, lo que representa una esperanza real de que el fluido eléctrico se estabilice y la oscuridad deje de ser la norma en el hogar zuliano. 

Esta semana mayor nos encuentra de rodillas, pero no derrotados. El sacrificio diario es el testimonio de un pueblo que conoce bien el precio de su propia cruz. El Zulia arrastra sus problemas con una dignidad que asombra a propios y extraños.  Una tierra marcada por la paradoja, la riqueza del subsuelo y la carestía en la superficie.

Así, el zuliano retoma su marcha cargando con dignidad una cruz tallada por la desidia institucional. La pasión no son ritos religiosos de siete días, es el testimonio permanente de un pueblo que, aunque de rodillas por el cansancio y la frustración, se niega a ser derrotado por su propio y eterno vía crucis zuliano. 

@angelmontielp 

angelmontielp@gmail.com 

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