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La semana pasada hubo cambios en las manifestaciones políticas que ahora, con lenguaje propio de los cuarteles llaman “marchas”.
Hasta ahora las caminatas se convocaban para el rescate del Presidente y la Primera Dama a quien con jerga militar a veces llamaban “Primera Combatiente”.
Eso parece tiempo pasado aunque solo han transcurrido dos meses. El viernes en Caracas hubo tres caminatas casi al mismo tiempo.
Todas finalizaron en la Asamblea Nacional y ya en las cercanías de la Plaza Bolívar… se mezclaron las tres.
La fuerza pública muy civilizadamente no actuó y tampoco tenía que hacerlo porque las tres manifestaciones exigían lo mismo: “equilibrar sueldos y salarios -del sector público- con la inflación medida por la canasta básica”.
De manera que no hubo violencia entre los manifestantes a pesar de que una fue convocada por los sindicatos que domina el gobierno… otra por los partidos de oposición con representación parlamentaria… y una más chica por sectores independientes desgajados del chavismo.
En la tarde cuando en los medios aparecieron algunos jefes de sindicatos declarando hubo un común denominador que hace temer un futuro lleno de bravuconadas como se han visto antes de la llegada al poder del comandante Hugo Chávez o al comienzo de las guarimbas: todos los declarantes amenazaban al gobierno… dando algunos de estos sindicalistas plazos… como lo haría quien aspira a cobrar recompensa por un millonario secuestrado.
Por solidaridad de católico y juez de paz entiendo lo difícil o casi imposible que es vivir con sueldos mensuales que no alcanzan para comprar dos pollos.
Seguro… pero… ¿acaso piensan que es la Presidenta encargada quien puede resolver este muy difícil asunto?
En tiempos normales solo formular esta pregunta me haría ganador de una chapa de orate… pero estamos en unos tiempos distintos a cuando Venezuela sin mucho sudar vio duplicar o triplicar los ingresos vía aumentos del precio de nuestra casi única materia de exportación… ¡el petróleo que algún insensato llego a calificar como “una maldición”!
Es sabido que desde el tres de enero pasado todo el petróleo y desde hace pocos días el oro que se saca de las entrañas de nuestro país… lo administra a su leal saber y entender el Tesoro y el Departamento de Estado de USA.
Y en esas condiciones solo se podría duplicar el salario de los empleados públicos… despidiendo la mitad de la plantilla.
Nada… estos señores sindicalistas siguen viviendo en el pasado… en vez de reclamarle al menos a quien dirige la misión de los Estados Unidos en Caracas.
