Como toda manifestación cultural, el cine posee sus tradiciones, y los Premios Oscar han sabido convertirse en la máxima celebración al séptimo arte de estos tiempos. Para su 98° edición, ya con su centenario próximo, sigue siendo motivo de encuentro y expectativa para cinéfilos que debaten, analizan y hacen predicciones en sus nominaciones, con la categoría de Mejor Película como el clímax de esa noche de emociones, que este año se celebrará el 15 de marzo en el Dolby Theatre de Los Ángeles, en Estados Unidos.
Para este año, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas eligió a un grupo de nominados curiosamente unido por temáticas comunes. Hay cintas que abordan con humor negro la paranoia de estos tiempos de extremismos y posverdad, con Bugonia y Una batalla tras otra. En otros casos, como El Agente Secreto, esa lucha contra el sistema transcurre desde el drama más realista.
En otros casos, se habla del arte como medio para sobrellevar el duelo, como en Hamnet y Valor Sentimental. Ambas tratan también la complejidad de los vínculos familiares, algo que es punto central en Frankenstein, que comparte con Train Dreams la melancolía de la soledad y esa búsqueda frustrada del amor de un hogar. Con historias de extraterrestres y monstruos no podían faltar los vampiros con Sinners, mientras que las épicas deportivas este año se inclinaron hacia la velocidad, bien de forma reivindicativa con F1, o autodestructiva, con Marty Supreme.
El Diario presenta un repaso por las 10 cintas nominadas a Mejor Película.
Sinners

Se convirtió en la película con más nominaciones en la historia del Oscar, con 16, superando aTitanic (1997) y La La Land (2016). Un mérito que destaca no solo por pertenecer al género del terror sobrenatural, sino que además cuenta con un elenco mayoritariamente afroamericano, y por su desempeño en la temporada de premios, es una de las competidoras más sólidas para categorías como Mejor Banda Sonora, Mejor Guión Original y la recién creada Mejor Casting.
Sinners se presenta como una disrupción en el terror gótico europeo, tomando uno de sus mayores icónicos como el mito del vampiro, y lo reinventa en un entorno rural de Estados Unidos de principios del siglo XX. Se consagra dentro de este movimiento que aborda el género desde la visión de la cultura afroestadounidense, y su propuesta se siente fresca frente al agotamiento del terror comercial contemporáneo. Igualmente, permite abordar temas como el racismo y la segregación a lo largo de la historia, el colonialismo y la apropiación cultural a través de metáforas inteligentes sin sacrificar la experiencia de entretenimiento.
Destaca la actuación de Michael B. Jordan, quien también pisa fuerte en la categoría de Mejor Actor Principal, con un doble papel que resultó bastante exigente a nivel técnico. Pero el alma de la película está en su música, no solo como motor narrativo, sino como un lenguaje aparte que se mezcla con su apartado visual y profundiza su mensaje sobre el valor de las raíces y la identidad. Algo que va en sintonía con su historia que casi parece sacada de una vieja leyenda del folklore del sur de los Estados Unidos.
Una batalla tras otra

Con 13 nominaciones, es una de las grandes favoritas de la temporada, en donde se ha llevado los premios a Mejor Película en los Critics Choice Awards, los Globos de Oro y el Premio de la Academia Británica (Bafta). Su director, Paul Thomas Anderson también parece tener en la bolsa la categoría de Mejor Director, mientras que en Mejor Guión Adaptado sus posibilidades son igual de altas.
Justamente, Una batalla tras otra es una adaptación bastante libre de la novela Vineland de Thomas Pynchon, pues toma elementos de otros libros de ese autor para construir una sátira brillante que resuena con la sociedad estadounidense actual. Es un grito de alerta sobre el auge del extremismo político representado no solo en un Estado fascista y represivo que persigue activamente a minorías, sino también en esos movimientos revolucionarios que se alejan de su propósito original para acabar convertidos en burdos grupos criminales que hacen daño a la misma población que juran defender.
Anderson lleva a sus personajes hasta los límites del ridículo, pero sin dejar de tomar con seriedad el mundo sombrío en el que viven. Es una crítica mordaz a las ideologías y a las dinámicas de poder que se crean entre opresores y oprimidos, luchando entre sí en un juego del gato y el ratón que no tiene fin. Anderson hace malabares con el suspenso, el humor negro y la violencia, para hacer un gran chiste que deja de dar risa cuando ves que su remate está en pararte frente a un espejo.
Frankenstein

El amor de Guillermo del Toro por los monstruos lo ha llevado a tener un lugar privilegiado en Hollywood por desarrollar todo un mundo oscuro y fantástico. Por eso lo más natural era que llevara a la pantalla la legendaria criatura escrita por Mary Shelley en el siglo XIX, máximo exponente de ese choque entre el deslumbramiento científico del modernismo y la tragedia humana del gótico.
Sin embargo, después de éxitos como La forma del agua (2017) y Pinocchio (2022), quizás la repetición continua de su fórmula donde el verdadero monstruo es el hombre ya no impresiona tanto a la Academia, que este año no lo consideró para Mejor Director. Aun así, su versión de Frankenstein consiguió nueve nominaciones, destacando especialmente en el apartado técnico, en rubros como Mejor Maquillaje, Mejor Diseño de Producción y Mejor Vestuario y Peluquería.
La estética reconocible de Del Toro encaja perfectamente con el tono de la obra, manteniéndose fiel en algunas partes, pero permitiendo otras libertades para amoldarse a la visión del director y que se sienten orgánicas. Una de ellas es enfocar la historia para hablar sobre la complejidad en las relaciones padre-hijo, y del resentimiento que puede crear una paternidad narcisista. También aborda la importancia del amor y el respeto en la formación de los niños, en contraposición con la búsqueda de conocimiento irresponsable y sin humanidad.
Marty Supreme

Es la candidata que más dio de qué hablar en redes sociales. En parte por su agresiva campaña de marketing como por sus polémicas que podrían costarle algunas estatuillas. Parte con nueve nominaciones, siendo la más notoria la de Timothée Chalamet a Mejor Actor, la tercera de su carrera a los 30 años de edad.
Marty Supreme es el producto de casi ocho años de trabajo en los que Chalamet se sumergió de lleno en su personaje, más allá de volverse experto jugando ping pong. Igualmente, su director, Josh Safdie partió de la biografía del campeón de tenis de mesa Marty Reisman, famoso por personalidad excéntrica y pasado como estafador. Sin embargo, Safdie y Ronald Bronstein escalaron la historia en niveles de frenetismo al punto en que se convirtió en una ficción total, nominada a Mejor Guión Original.
Es una película que captura perfectamente la tensión y velocidad de una partida de ping pong, saltando de un lado a otro en un cóctel de emociones y suspensos que obliga a apretar los bordes del asiento y simplemente dejarse llevar. Chalamet da una interpretación magistral que se aleja de lo heroico o sensible, para presentar a un auténtico patán capaz de llevar situaciones hasta las últimas consecuencias, pero con una complejidad interesante que lleva a empatizar con él en su desgracia.
Valor Sentimental

A pesar de ser un evento de la academia estadounidense, la importancia del Oscar como fenómeno cultural ha hecho que en los últimos años se abra más hacia el cine de otras latitudes del mundo. Por eso esta cinta noruega trasciende de la categoría de Mejor Película Internacional, donde es una fuerte contendiente, sino que acumula un total de nueve nominaciones, incluyendo Mejor Actriz Principal, y Mejor Actriz y Actor de Reparto.
Si bien la historia de Valor Sentimental apela a algo tan universal como las crisis familiares, en su ejecución se nota su origen europeo, con una refinación y naturalismo que se vuelven inmersivos dentro de la escena hogareña. Precisamente la verdadera protagonista de la cinta es la casa, que se vuelve testigo de un trauma generacional y en el símil del propio estado de la familia que la habita, proyectándose en sus colores, objetos y grietas en las paredes.
Se puede enmarcar dentro de ese subgénero del cine que habla sobre hacer cine, con un director que usa su hogar de la infancia como set de rodaje en una manera de abrirse a lo más íntimo de su mundo interior, y de vincularse otra vez con sus hijas. Sin embargo, su única forma de expresarse y relacionarse con sus seres queridos es a través del cine, siendo un retrato sincero sobre el arte como el grito interior del alma, y como forma de canalizar aquellas emociones que usualmente se quedan guardadas en una caja del sótano.
Hamnet

Con ocho nominaciones, es el proyecto de Chloé Zhao como directora, productora y coescritora junto a Maggie O’Farrell, autora del libro original de Hamnet. En esta temporada ha brillado por el ascenso de Jessie Buckley en la mayoría de las premiaciones a Mejor Actriz Principal, asegurando prácticamente su Oscar. También recibió el Globo de Oro a Mejor Película Dramática y el Bafta a Mejor Película Británica.
No es una biografía de William Shakespeare ni un romance de época. Hamnet es una propuesta metaficcional en la que vemos la concepción de una de las obras más importantes de la lengua inglesa sin ser necesariamente una historia real, sino más como un sentimiento que trasciende las épocas. Al igual que Sentimental Value, habla sobre usar el arte como forma de lidiar con el duelo, pero en este caso se adorna con una fotografía que se siente como sacada de una pintura, y una puesta en escena digna de las mejores producciones teatrales del propio Shakespeare.
Pero la perspectiva de la historia está en Agnes, nombre que le ponen a la esposa del célebre escritor, volviéndose un personaje que brilla fuera de la sombra de su contraparte histórica, al punto de darle unas notas de realismo mágico que coronan la cinta. Hamlet es una tragedia que habla de un príncipe que busca vengar a su padre. Y Hamnet la historia de una familia que se sobrepone a la tragedia compartiendo su dolor con la humanidad.
El Agente Secreto

Sigue la misma tendencia a la globalización del Oscar, y la misma fórmula predecible aplicada en los últimos años de nominar las candidatas más sólidas a Mejor Película Internacional también en la categoría central. En general acumula cuatro nominaciones, con énfasis en Wagner Moura en Actor Principal, apoyado en sus galardones obtenidos en el Festival de Cannes y en el Globo de Oro a Mejor Actor Dramático.
Con esta nominación, El Agente Secreto le da a Brasil su segunda nominación a Mejor Película consecutiva en los Oscar, luego del fenómeno de Aún estoy aquí, que el año pasado se llevó el premio a Película Internacional. Comparte con su antecesora también la ambientación en la época de la dictadura militar que sufrió el país entre 1964 y 1985, como un ejercicio de memoria histórica en tiempos de relativismo ideológico sobre los horrores del autoritarismo.
Moura justamente hace con su papel un homenaje a todos los activistas y luchadores políticos que, debido a la represión, debieron usar su ingenio para moverse en las sombras y hacer política. En su caso, si bien es movido al principio por intereses personales, se pueden marcar tres tiempos diferentes en los que se ve su evolución y compromiso con la causa. Toda la película posee el tono y suspenso de una cinta de espías, pero acá no hay un James Bond salvando el día con gadgets y artes marciales. Es la crudeza de la vida real, y de una historia tan latinoamericana que trasciende fronteras.
F1

Joseph Kosinski y Jerry Bruckheimer devolvieron al cine de blockbusters un segundo aire en 2022 con Top Gun: Maverick, y este año vuelven a figurar en la categoría de Mejor Película con F1. Con cuatro nominaciones, su fortaleza precisamente está en su apartado técnico impecable, en las categorías de Mejores Efectos Especiales, Mejor Edición y Mejor Sonido.
Repite exactamente la misma fórmula que Top Gun: Maverick al punto de sentirse como una suerte de secuela espiritual: la historia de un piloto veterano (interpretado por Brad Pitt) que vive libremente hasta que las circunstancias lo empujan a regresar a la Fórmula 1 para salvar a una escudería en crisis. En el camino tendrá choques con otro piloto joven e impulsivo (Damson Idris), a quien ayudará a alcanzar la gloria mientras se redime a sí mismo por los propios errores y accidentes de su pasado. Una trama simple y rebosante de masculinidad clásica, pero con un encanto particular que la vuelve atrapante de principio a fin.
Sin embargo, la razón por la que F1 está en el cuadro es porque representa fielmente la magia de hacer cine en tiempos de pantallas verdes y CGI. Pitt e Idris manejaron bólidos reales de la Fórmula 2 modificados y corrieron en pistas donde de verdad se estaban desarrollando competencias como el Gran Premio de Gran Bretaña, donde convivieron con los pilotos profesionales. También se desarrollaron cámaras especiales que ayudaron a darle una majestuosidad visual que captura la esencia de la velocidad y la adrenalina tras cada curva.
Train Dreams

Posee cuatro nominaciones. Además de Mejor Película, figura en Mejor Guión Adaptado, Mejor Canción Original para el tema “Train Dreams” de Nick Cave y Bryce Dessner, y Mejor Fotografía. En este último rubro obtuvo un premio en los Critics Choice Award. Junto a Frankenstein, es la apuesta de un Netflix que ya está más que instalado dentro del nuevo modelo de cine al que las grandes premiaciones se han acostumbrado.
Es una historia sobre el paso indetenible del tiempo, de esa marcha perpetua que va dejando atrás la vida hasta que se convierte en un punto lejano visto por la ventana. Aunque su ritmo es lento no aburre, sino que es más como un viaje tranquilo en el que vemos la vida de un hombre sencillo transcurrir entre amor y la pérdida, la violencia y el remordimiento, el trabajo duro como leñador con el silencio de un fuego crepitando o un cielo despejado.
El gran punto fuerte de la película está en su fotografía, con planos espectaculares que muestran la belleza de los bosques estadounidenses. Pero en esa vastedad de paisajes abiertos también se refleja la soledad y la melancolía de su protagonista. La confluencia de música, colores y destinos crea una estampa reflexiva que perdura en la mente incluso después de acabarla.
Bugonia

En los últimos años, Yorgos Lanthimos ha encontrado en su dupla con Emma Stone la clave para triunfar en Hollywood. Con Bugonia, ambos recibieron su tercera nominación a Mejor Película después de La Favorita (2019) y Poor Things (2022), además de ser la quinta nominación de Stone en una categoría de actuación (y tercera a Mejor Actriz Principal). En total compite en cuatro categorías, siendo las otras Mejor Guion Adaptado y Mejor Banda Sonora.
Es una versión occidentalizada de la comedia negra surcoreana Save The Green Planet! (2003). Esto permite extrapolar su premisa sobre una pareja lunática que secuestra a un ejecutiva convencidos de que es un extraterrestre a punto de destruir la Tierra, y llevarlas a un contexto más actual, donde las teorías de conspiración ya dejaron de ser entretenimiento, para convertirse en un problema que socava democracias y radicaliza a miles de personas en Internet.
Pero Lanthimos no se va por el camino fácil de retratar como villanos dementes a los secuestradores, entre los que destaca un Jesse Plemons injustamente ignorado de las nominaciones. La película mete al espectador en sus cabezas con momentos de suspenso asfixiantes, mientras Stone se luce como una manipuladora hábil capaz de hacer dudar sobre la realidad. Hasta su último minuto, toda la historia se vuelve en un gran misterio sobre quién tiene la razón.
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