
En una jornada marcada por la tensión y la indignación, las calles de Caracas volvieron a ser escenario de un contraste doloroso: la fuerza desmedida de los organismos de seguridad contra la vulnerabilidad de una sociedad civil que ya no tiene miedo.
Por: lapatilla.com
El pasado 9 de abril, una mujer de la tercera edad se convirtió en el rostro de la resistencia durante la marcha del gremio sindical hacia el Palacio de Miraflores.
Con un casco rojo de seguridad y un cartel que rezaba «¡Disparen pan, que tenemos hambre!», la manifestante no solo enfrentó físicamente el avance de los escudos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), sino que desnudó la crisis humanitaria que atraviesa el país.
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«No sé cuál es el miedo que le tienen al pueblo… nosotros no queremos un bono, queremos un salario con poder adquisitivo», sentenció la mujer ante los micrófonos, mientras era empujada por una muralla de funcionarios en equipo antimotines.
Denunció que el sueldo actual de 130 bolívares es insuficiente para cubrir la canasta básica, la cual estimó en un mínimo de 700 dólares. Manifestó que prefiere «morir luchando» antes que fallecer en una cama de hospital por falta de medicinas e insumos.
Invocó el Artículo 91 de la Constitución venezolana, que garantiza un salario justo, y recordó que cuenta con medidas cautelares de la Cidh, luego de que algunos funcionarios intentaban empujarla para que no se expresara libremente ante los medios que cubrieron la protesta.
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La movilización, que pretendía llegar a la sede Ejecutiva para exigir condiciones laborales dignas, fue interceptada por un despliegue masivo de seguridad. A pesar del carácter pacífico de la protesta, los funcionarios del régimen bloquearon los accesos, desplazando violentamente a los manifestantes.
La valiente abuela envió un mensaje directo a los oficiales que la rodeaban: «Yo también defiendo los derechos de ellos (los policías), porque ellos también tienen familia y van a los hospitales públicos, no a clínicas».
La situación económica en Venezuela sigue siendo el principal motor de las movilizaciones. El gremio docente, de salud y el sector jubilado lideran las convocatorias ante una inflación que pulveriza cualquier intento de mejora salarial mediante bonificaciones no remunerativas.
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