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¿Por qué la aprobación de Gustavo Petro está disparada?

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Durante décadas, la política colombiana tuvo un eje organizador relativamente claro. Hoy ese eje está cambiando. El problema es que buena parte de la dirigencia política y empresarial colombiana sigue leyendo el país con las coordenadas de hace diez años.

Por Leonardo García Suárez | Speak

Un reciente estudio académico sobre realineamiento político en Colombia muestra que distintos estudios de opinión pública sugieren que un gran cambio en las prioridades ciudadanas ocurrió mucho antes de que la política lo registrara. Los datos del Barómetro de las Américas (LAPOP) muestran que a partir de la segunda mitad de la década pasada, las preocupaciones de los colombianos comenzaron a desplazarse desde el conflicto armado hacia problemas económicos y sociales. Algo similar aparece en los datos del Comparative Study of Electoral Systems (CSES), que evidencian un aumento en la importancia que los votantes asignan a temas como desigualdad, oportunidades económicas y desempeño del Estado.

Las encuestas nacionales muestran el mismo patrón: mientras la preocupación por la seguridad y el conflicto disminuye gradualmente después del acuerdo con las FARC, crece la preocupación por desigualdad, costo de vida, empleo y corrupción. El país cambió de prioridades, la política tardó mucho más en hacerlo.

De acuerdo con los autores, la política colombiana habría atravesado en menos de una década tres momentos sucesivos —alineamiento, desalineamiento y un realineamiento incipiente. Traducido a un lenguaje menos académico, lo que ese estudio describe es algo muy profundo: una rotación del eje que organiza la política colombiana. Entender ese proceso es clave para leer el momento electoral que viene.

AME6991. BOGOTÁ (COLOMBIA), 19/02/2026.- El presidente de Colombia, Gustavo Petro, sostiene el nuevo decreto del salario durante una manifestación este jueves, en la Plaza de Bolívar en Bogotá (Colombia). Miles de personas se concentraron para defender el «salario vital» que propone el Gobierno y rechazar la suspensión que hizo el máximo tribunal administrativo de Colombia al decreto que aumentó el salario mínimo en un 23,7 % para este año. EFE/ Carlos Ortega

 

Primera fase: Cuando el sistema estaba alineado

Hasta mediados de la década pasada, la política colombiana estaba estructurada alrededor de un gran clivaje: la paz y el conflicto armado. Ese eje organizaba la identidad política de los votantes, las alianzas entre partidos y la competencia electoral. Uribismo y antiuribismo no eran solo etiquetas ideológicas. Representaban posiciones claras frente a tres preguntas centrales: ¿cómo enfrentar a las guerrillas?, ¿qué tan legítima era la negociación política con ellas? y, ¿qué papel debía jugar el Estado en ese proceso?
Ese clivaje era suficientemente poderoso como para ordenar el sistema político. Las campañas, los liderazgos y las coaliciones se estructuraban alrededor de él. En el caso del sector empresarial, había una conexión y un relativo entendimiento sobre ese contexto y su forma de integrarse en el. En términos de ciencia política, el sistema estaba alineado: la oferta de los partidos y las preferencias de los votantes giraban alrededor del mismo eje.

Segunda fase: El desalineamiento

El acuerdo de paz con las FARC cambió radicalmente ese equilibrio. Al desaparecer —o al menos reducirse— la centralidad del conflicto armado, el eje que estructuraba la política comenzó a perder fuerza. Pero los partidos y las élites políticas no se movieron al mismo ritmo que la sociedad. Aquí aparece el concepto clave del estudio: desalineamiento impulsado por la demanda.

Los ciudadanos comenzaron a priorizar otros temas: desigualdad, oportunidades económicas, corrupción, calidad de los servicios públicos. Mientras tanto la oferta política siguió anclada en los marcos del pasado: seguridad, antiuribismo, antipetrismo o discursos genéricos contra la “clase política”. El resultado fue un fenómeno que hoy resulta evidente: un vacío de representación. Ese vacío explica buena parte de lo que ocurrió en la política colombiana entre 2018 y 2022.

Tercera fase: La rotación del eje político

La elección de Gustavo Petro en 2022 podría estar marcando el inicio de una tercera fase. No necesariamente un realineamiento completo, pero sí el intento de construir un nuevo eje político. Ese eje ya no gira alrededor de la guerra y la paz. Empieza a girar alrededor de la desigualdad, la redistribución y el papel del Estado en la economía. El gobierno Petro ha tratado de estructurar la política colombiana alrededor de esas preguntas: ¿cuánto Estado?, ¿cuánta redistribución?, ¿qué tan profundo debe ser el cambio en el modelo económico? Petro tuvo una mejor lectura del entorno que el resto de sus competidores políticos y eso explica en gran medida el proceso de fortalecimiento de su aprobación en los últimos meses.

La evidencia que presentan los autores del estudio sugiere que ese proceso es asimétrico. La izquierda sí parece estar organizándose alrededor de ese nuevo eje redistributivo. Pero la derecha y el centro aún no lo hacen con claridad. En muchos casos, su identidad política se articula más alrededor del rechazo a Petro que alrededor de una propuesta económica coherente. Y eso significa que el proceso de reordenamiento del sistema político todavía está incompleto.

El vacío de representación que aún no se ha cerrado

De acuerdo con Bahamón y Barrenechea, los ciudadanos comenzaron a hacer preguntas nuevas. La política seguía ofreciendo respuestas viejas. Ese vacío ayuda a explicar muchos de los fenómenos que marcaron la política colombiana en los últimos años: la volatilidad electoral, el ascenso de candidaturas anti-establecimiento y el creciente rechazo hacia los partidos tradicionales. Cuando la política deja de representar con claridad las prioridades ciudadanas, el sistema entra en una fase de desorden competitivo. Eso fue lo que ocurrió en Colombia entre 2016 y 2022.

Si esta lectura es correcta, Colombia se encuentra en medio de una transición

política. El eje antiguo ya no organiza el sistema, el eje nuevo aún no termina de hacerlo. Eso explica la sensación de desorden que caracteriza la política colombiana actual: coaliciones frágiles, liderazgos volátiles, partidos débiles y una opinión pública profundamente desconfiada. El sistema político está tratando de reorganizarse alrededor de nuevas preguntas, pero esa reorganización todavía no termina de consolidarse.

Muchos actores siguen compitiendo con las coordenadas del sistema anterior, mientras el país ya está empezando a moverse sobre otro eje. Las próximas elecciones podrían ser el primer gran momento de clarificación, no necesariamente porque definan quién gobierna sino porque podrían empezar a mostrar qué nuevo eje terminará organizando la política colombiana.

La pregunta que definirá las próximas elecciones

Para la élite política y empresarial hay una lección incómoda en todo esto: las demandas sociales cambiaron más rápido que la oferta política. Cuando eso ocurre, los sistemas políticos se reconfiguran inevitablemente; no siempre de forma ordenada, no siempre de forma predecible, y determinan cambios que ordenan una nueva conversación sobre el futuro del país. El producto a vender es distinto, el comprador ha cambiado su intención, la forma de tener éxito es diferente. Eso puede ser la explicación del éxito de las propuestas de izquierda (serán la mayor votación al Congreso y tiene candidato en segunda vuelta), y marcará un nuevo periodo de gobierno con la mayor influencia de la conversación pública (la habilidad del presidente es inobjetable en este campo).

La elección que viene probablemente será el primer gran test de ese proceso, más que una disputa entre candidatos, podría ser una disputa entre ejes políticos. Entre quienes intentan consolidar el nuevo eje redistributivo y quienes aún no han decidido cómo posicionarse frente a él. La política colombiana está rotando sobre un nuevo eje. La pregunta es ¿quién logrará entenderlo primero?

Finalmente, es posible que el nuevo eje político termine siendo monopolizado por la izquierda si otros sectores —centro y derecha— no desarrollan una respuesta programática frente a desigualdad y oportunidades. Y esa es quizás la paradoja del momento político colombiano: el país ya cambió de eje, pero buena parte de su dirigencia todavía no lo ha entendido.

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