
Nicolás Maduro, el hombre que durante años juró que en Venezuela no había «presos políticos», ha cambiado el guion. Desde su celda en Nueva York, donde espera juicio tras la incursión del 3 de enero, el «conductor de victorias» parece haber descubierto las bondades del perdón jurídico. En una llamada telefónica captada difundida el pasado jueves, el exlíder chavista le soltó la bomba a su hijo Nicolás Maduro Guerra: él también quiere estar en la lista de la amnistía.
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Según el relato del heredero, Maduro —quien ahora se autodenomina «prisionero de guerra»— no solo preguntó por el béisbol y la «paz de la patria», sino que dio la orden directa de que el beneficio de perdón general que cocina la Asamblea Nacional no sea solo para los opositores que él mismo mandó a encerrar.
«Él me dijo: ‘amnistía no solo para ellos, para nosotros también’. Me lo dijo él», confesó Maduro Guerra ante las cámaras, dejando claro que el pánico jurídico ha llegado hasta los tribunales de Manhattan. Al parecer, la «unidad del alto mando» y la «resistencia del pueblo» no son suficientes para dormir tranquilo.
Nicolasito expresó previamente: «Me dijo, ustedes están haciendo exactamente lo que tienen que hacer y están tomando los pasos correctos. Nuestra tranquilidad aquí es la unidad del pueblo y la unidad con el alto mando y mi equipo, que es el equipo de la patria. Confío plenamente en el equipo y han hecho lo que tienen que hacer».
El líder del oficialismo busca que la Ley de Amnistía, que inicialmente se vendió como un gesto de «sanación» hacia la oposición, se convierta en el salvavidas legal para él y para Cilia Flores.
