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jueves 3 de abril 2025
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Orquesta romántica

La Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas está cumpliendo 45 años y entre muchas otras actividades está concluyendo un interesante ciclo que, en la onda didáctica que siempre ha caracterizado a esta institución musical, presentan en la sede de la Asociación Cultural Humboldt. Nosotros asistimos el sábado 15 de febrero al penúltimo de estos conciertos. En él se presentaba una rareza en el repertorio concertístico: un pequeño puñado de cuatro lieder de Franz Schubert, pero en los elegantes arreglos orquestales de sendos compositores del siglo XIX: Max Reger y Franz Liszt. No podíamos perder la oportunidad de escuchar estos arreglos en los estuches sinfónicos que intentaban resaltar la ya prieta belleza de las canciones schubertianas.

Lo breve no siempre es bueno

Pero vayamos por partes: lo primero que nos extrañó muchísimo fue lo avaro de la selección. Apenas cuatro lieder que no llegaban a los 20 minutos de música. La sinfonía siguiente no llegaba a los 40 minutos, por lo que el concierto terminaba siendo bastante breve. Ignoramos las razones de tal parquedad. Lo segundo: la elección de los arreglos. Para la prestación orquestal y la dirección de Daniel Gil, hubiesen quizás convenido mantener los cuatro arreglos de «Du bist du ruh» (Tú eres el reposo), «In Abendrot» (Al atardecer), «Gretchen an Spinnrade» (Margarita en la rueca) y «An die musik» (A la música) de Reger, y no romper la unidad de estilo con el de Liszt, sobre el tercero de los lieder propuestos.

El del autor de Los preludios es un poco más colorido y rico en texturas, pero, como ya hemos acotado, en el resultado musical, esta diferencia fue casi imperceptible, pues la batuta de Gil asordinó el tejido de las maderas y anuló el mordente de las cuerdas en los tresillos que dan su carácter a esta «Gretchen an Spinnrade».

En tercer lugar fueron insuficientes los esfuerzos de los dos solistas, soprano Annelia Hernández y barítono Álvaro Carrillo. A la una, de voz fresca y sonora, le echamos de menos la expresividad acentuada que requieren los textos de sus lieder. En el primero, el justamente célebre «Du bist die ruh», le añoramos más filature y juegos dinámicos, sobre todo en el penúltimo verso que clama a gritos un diminuendo que ella no consiguió, y en «Gretchen», con el arreglo de Liszt, nos faltó más color, vigilancia en el texto y exactitud idiomática.

Algo similar ocurrió con Carrillo, con el agravante, en su caso, de una voz casi sumamente engolada, que es lo más antischubertiano que puede pasarle a un lied. La dirección extremadamente traslucida, flébil y pesante de Daniel Gil no ayudó mucho a la pareja de cantantes.

Orquesta romántica
Foto cortesía

Sobre dos notas

El aumento de las huestes orquestales pareció insuflarle seguridad a la OSMC, y así hubo una sustancial mejoría en la interpretación de la Sinfonía No. 4 de Johannes Brahms. La última del compositor alemán y un verdadero alarde de la construcción de música sobre una economía de los medios temáticos y del arte de la variación. Toda la obra se asienta sobre el breve tema de dos notas con la cual se inicia. En diferentes formas rítmicas y prosodia la oímos una y otra vez dando intensidades insospechadas a un casi único material.

Una falla aquejaría a la Sinfónica Municipal durante toda la prestación y es que las escalas de semicorcheas descendentes casi nunca fueron resueltas con pulcritud de tono ni precisión. En su descargo, el juego de las maderas atravesando el bosque de pizzicati del «Allegro non troppo» inicial y el generoso fraseo intenso de las cuerdas en los momentos más crispados del movimiento fueron notables. Débil la presencia de las cuerdas graves y las cruciales negras de los timpani de la coda.

Muy cuidado y efectivo el clima procesional del «Andante moderato», con la atenta gradación de los pasajes crispados y las voces polifónicas del desarrollo. Buena la fuerza desplegada en el Allegro giocoso, pero el talón de Aquiles en la agilidad de las cuerdas volvió a mellar los efectos.

Así llegamos al «Allegro energico e passionato», para mí, uno de los movimientos más monumentales de Brahms: todo él construido sobre ese tema de Passacaglia bachiana que, sin embargo arranca con dos notas en el rumor de timpani y cuerdas bajas inspiradas en el tema de dos notas del movimiento inicial, que aquí recurre constantemente, sobre todo en uno de los momentos más angélicos del pasaje: el solo de flauta, el pedal de los cornos y casi todos los ataques de las distintas variaciones de este enorme final. Los solistas de las secciones orquestales brillaron en sus pasajes, sostuvieron los poderosos contrapuntos y llevaron a emotivas cimas las inevitables erupciones de la expresión brahmsiana. Firme y comprometida en el entramado, la batuta de Daniel Gil.

Un vibrante atisbo al pathos romántico esa tarde sabatina en la Asociación Cultural Humboldt.

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