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El relato de Jesús Armas ante legisladores estadounidenses es otra demostración fehaciente del terror que se vivió –y aún se vive– en las mazmorras del régimen venezolano.
Jesús Armas, junto con la defensora de los DDHH Saraim Rivas, han exteriorizado el horror que significó para el dirigente político estar en las cárceles del régimen socialista.
Narró la verdad que se palpa, esa verdad que congela la sangre y hace que un escalofrío recorra el cuerpo del más valiente; esa realidad que existió en el Helicoide y que persiste en El Rodeo y en otras instalaciones donde se practica la tortura sistemática.
Jesús Armas contó su historia; esa llena de dolor, de humillaciones, de vejaciones. Rememoró sus días en el infierno que yace en lo más profundo de las entrañas del régimen fundado por Hugo Chávez, consolidado por Nicolás Maduro y que hoy dirige Delcy Rodríguez.
Expuso su verdad ante congresistas estadounidenses como María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, a quienes les enumeró los maltratos que enfrentan los más de mil presos políticos que aún permanecen detenidos en Venezuela.
Sí, aún están detenidos, pese a los recientes anuncios de liberaciones por parte del régimen y por la alharaca que han hecho. Pues, esas liberaciones son sólo la punta del iceberg que alberga a cientos de venezolanos detenidos o, mejor dicho, secuestrados por el régimen.
Jesús Armas está visualizando los terribles procesos de interrogatorio y de saña con que actúan los esbirros en Venezuela; dijo cómo fue el mismo víctima de esos procedimientos inhumanos y terroríficos.
Fue torturado por esos verdugos del régimen.
Con una enfermiza dedicación ellos buscaban a través del dolor infligido que él delatara a María Corina Machado; deseaban que él informara sobre su paradero, pues estaban obsesionados con capturarla. Ese afán los empujó a tratar de quebrar la voluntad de ese valiente venezolano.
Él, junto a muchos más fueron víctimas de la mayor operación de terror solo comparada con los campos de concentración Nazi y con los llamados gulag soviéticos. Pues, fue un proceso sistemático, organizado y lleno de objetivos políticos bien claros.
La verdad es que el régimen quería aniquilar a todo aquel que pensara distinto; quería borrar toda idea disidente y todos los portadores de esas ideas. Fue un genocidio político articulado y estructurado desde las instancias del poder.
El odio del chavismo le costó la vida a miles de venezolanos en medio de marchas y manifestaciones pacíficas, le costó la libertad a miles de ciudadanos que han sido encarcelados por razones políticas y le valió el exilio a millones de venezolanos que fueron obligados a irse sin nada del país.
Hoy el mundo sabe todo el dolor, toda la sangre, todas las lágrimas que ha costado el narco-régimen que actualmente se tambalea en Caracas. Ese régimen que debe terminar de caer para que inicie la verdadera transición.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.

