
Crédito: Mauricio Lima para The New York Times
Cuando el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reconoció este mes que su gobierno mantenía conversaciones secretas con el gobierno de Donald Trump, reveló que la persona que dirigía las negociaciones era el “líder histórico de nuestra revolución”.
Por: NY Times
Ese honorífico calificativo está reservado a Raúl Castro, de 94 años, quien sucedió a su hermano Fidel Castro como presidente de Cuba de 2008 a 2018, antes de retirarse de la escena pública para proyectar una imagen de transición civil bajo Díaz-Canel.
Pero con Cuba al borde del colapso económico por el bloqueo petrolero estadounidense y sumida en una crisis humanitaria cada vez más grave, otros miembros de la familia Castro han salido de las sombras.
Uno de ellos ha hablado directamente con Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense. Otro participa en las negociaciones con el gobierno de Trump. Otro es la figura pública de la innovadora (y tentadora) decisión de Cuba de permitir que los exiliados cubanos inviertan en la isla.
El nuevo perfil de la familia refleja una dinastía que realmente nunca se retiró de la escena política, sino que evolucionó.
Incluso mientras los funcionarios de Trump aumentan la presión para que se produzcan cambios económicos radicales en Cuba y presionan para que se destituya a Díaz-Canel, el sucesor elegido a dedo por Raúl Castro como presidente, la familia Castro, vilipendiada durante mucho tiempo por los dirigentes estadounidenses, está posicionando a sus nuevas generaciones como los máximos agentes de poder de la nación.
“Esto podría generar un caso absurdo de ‘descastrificación’, en el que la familia crea una ilusión de cambio cuando el verdadero poder en Cuba aún reside en ellos y en otros miembros de la élite posterior a 1959”, dijo Andrés Pertierra, historiador de Cuba en la Universidad de Wisconsin.
Los Castro han marcado la suerte de Cuba desde 1959, cuando Fidel y Raúl Castro, hijos de un rico propietario de plantaciones de azúcar, dirigieron la revolución que derrocó un viejo orden alineado con Estados Unidos. Trasladaron a Cuba a la órbita soviética, lo que convirtió a la isla caribeña en un actor central de la Guerra Fría.
Fidel Castro, quien murió en 2016, fue el carismático “Líder Máximo” de la Revolución cubana. Raúl Castro mantuvo durante mucho tiempo un perfil bajo y actuaba como principal enlace con Moscú y arquitecto organizativo de la revolución, dando prioridad a la burocracia, las jerarquías claras y la eficacia administrativa.
Los hermanos Castro se enfrentaron a muchos desafíos a su gobierno, incluidos complots de asesinato de la CIA, un embargo estadounidense que duró décadas y el colapso de la Unión Soviética, antaño principal benefactor de Cuba. Venezuela había sustituido a los soviéticos al convertirse en el principal proveedor de petróleo de Cuba, hasta que las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en enero.
Ahora, cuando Estados Unidos ha ordenado a Venezuela que detenga los envíos de petróleo a Cuba, la familia se enfrenta a lo que puede ser su mayor desafío: una escasez de combustible que hace tambalear la economía cubana y plantea interrogantes sobre la supervivencia del represivo gobierno comunista de la isla.
El bloqueo estadounidense del combustible pretende producir un régimen dócil a las exigencias estadounidenses, similar a la forma en que Venezuela pasó de ser un adversario a un Estado cliente con la captura de Maduro.
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