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la victoria es de las renovablesNelson Hernández: En este conflicto bélico energético en el Medio OrienteOpinión

Nelson Hernández: En este conflicto bélico energético en el Medio Oriente, la victoria es de las renovables

De la Crisis de 1973 a la Incertidumbre Actual

La historia de la energía no se escribe únicamente en los laboratorios o en los mercados de valores; se escribe, fundamentalmente, en el tablero de la geopolítica.

Históricamente, el sistema energético global ha demostrado una inercia considerable, resistiéndose al cambio hasta que una ruptura externa —usualmente un conflicto bélico o una crisis de suministro— obliga a una reconfiguración acelerada. El actual escenario de inestabilidad en el Medio Oriente está actuando como ese reactivo químico que precipita una solución estancada, potenciando la transición hacia energías no fósiles no solo por conciencia climática, sino por una necesidad imperativa de seguridad nacional.

El Espejo de 1973: El Embargo como Precedente

Para entender el presente, es obligatorio mirar hacia el embargo petrolero de 1973. En aquel entonces, la decisión de la OPEP de cortar el suministro a los países que apoyaron a Israel en la Guerra de Yom Kippur provocó un choque sistémico. El precio del barril se cuadruplicó, desatando una estanflación global y revelando la extrema vulnerabilidad de las economías occidentales.
Sin embargo, las consecuencias más profundas fueron estructurales.

Aquella crisis dio origen a la Agencia Internacional de la Energía (AIE), impulsó los estándares de eficiencia de combustible en los automóviles y, crucialmente, marcó el inicio de la energía nuclear comercial a gran escala en países como Francia y Japón. La lección de 1973 fue clara: la dependencia de un único recurso geográficamente concentrado es un riesgo existencial.

La Guerra Actual y la Nueva Soberanía Energética

A diferencia de 1973, donde las alternativas eran limitadas, la crisis actual encuentra al mundo con tecnologías renovables maduras y económicamente competitivas. La incertidumbre generada por los conflictos en el Medio Oriente y las tensiones en rutas críticas como el Estrecho de Ormuz han transformado la percepción de las energías limpia de ser «deseables» a ser «estratégicas».

Mientras que el petróleo y el gas natural están sujetos a la «geopolítica de los tubos y los barcos», el sol y el viento son recursos democráticos y localizados. La potenciación de las renovables hoy responde a la búsqueda de la soberanía energética. Un país que genera su electricidad mediante parques solares o eólicos, y que utiliza esa energía para producir hidrógeno verde o alimentar vehículos eléctricos, reduce drásticamente su exposición a los vaivenes de precios impuestos por conflictos a miles de kilómetros de distancia.

Si bien 1973 impulsó la eficiencia y la diversificación hacia otros fósiles (carbón) y la nuclear, la crisis actual está cimentando el camino hacia la electrificación total.

Las consecuencias globales se pueden observar en tres dimensiones:

* Aceleración del CAPEX en Renovables: Los flujos de capital están migrando de la exploración y producción tradicional (E&P) hacia infraestructuras de cero emisiones. Los gobiernos están acortando los tiempos de permisología para proyectos eólicos y solares, considerándolos infraestructura de defensa nacional.

* El Despegue del Hidrógeno Verde: Ante la necesidad de descarbonizar la industria pesada que antes dependía del gas natural importado, el hidrógeno producido por electrólisis se posiciona como el nuevo «petróleo verde», permitiendo almacenar energía renovable y transportarla.

* Reconfiguración de Alianzas: El mapa del poder energético se está desplazando. Los países con alto potencial de generación renovable y capacidad de exportar derivados (como amoníaco verde) están emergiendo como los nuevos actores clave, desafiando el antiguo orden petro-centrista.

Conclusión

La guerra y la incertidumbre en el Medio Oriente están dictando el fin de la era de la complacencia energética. Así como 1973 obligó al mundo a pensar en la eficiencia, el conflicto actual está obligando a la humanidad a ejecutar la transición más rápida de su historia. Las energías renovables ya no son solo una herramienta de mitigación ambiental; son el escudo de seguridad con el que las naciones buscan proteger su futuro económico. La transición energética, lejos de frenarse por la crisis, ha encontrado en ella su motor más potente.

Nelson Hernández es ingeniero energista @XXIenergía y Académico de la Academia de Ingeniería y Hábitat de Venezuela

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