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José Gregorio "El Gato" BriceñoOpinión

Monagas: Crónica de un desmantelamiento anunciado, por José Gregorio «El Gato» Briceño

El plantel de infraestructura de un país da cuenta del avance, del progreso y del respeto de un gobernante por el pueblo que le entregó la responsabilidad  de construir sus beneficios para mejorar día a día su calidad de vida.

Construir no es solamente poner ladrillos y concreto,  hay que tener

visión, vocación de servicio, un plan basado en el clamor de cada sector y sobre todo, tener presente que eres un servidor público. Destruir lo que otros construyeron bajo esas premisas mencionadas, en cambio, es sorprendentemente fácil. No requiere planificación, ni inteligencia, ni siquiera mala intención declarada (que en el caso de la mafia heredera del traidor mayor, hoy felizmente difunto si la hubo): basta con la combinación mortal de incompetencia y poder sin rendición de cuentas. El verdadero crimen no siempre está en lo que se roba con las manos, sino en lo que se deja caer a pedazos mientras no hay supervisor consciente a su alrededor. Porque hay una desidia que es tan destructiva como el saqueo, y es la de quien recibe una herencia de esfuerzo ajeno y la convierte en escombros sin el menor remordimiento. Esta crónica de un desmantelamiento anunciado es una orden expresa del partido que nos mal gobierna desde hace más de un cuarto de siglo, así como se lee, sin tapujos.

Esta semana recibí unas fotografías de las instalaciones de Obras Públicas del estado Monagas que me dejaron un nudo en la garganta. Lo que ví no es descuido accidental ni el desgaste natural del tiempo: es la evidencia más cruel de una pobreza mental absoluta erigida en política de Estado. Una mezcla de impotencia y tristeza profunda que no se puede callar.

Hay gente que definitivamente tiene un rancho en la cabeza y esa gente se dedicó con empeño, casi con orgullo, a demoler lo que con tanto esfuerzo, visión y sacrificio construimos entre 2004 y 2012. No fue la naturaleza. Fue la desidia disfrazada de gobierno.

Lo que tomó años construir, bastó una gestión para convertirlo en escombros.

Arrasaron con las maquinarias. No dejaron un solo vehículo operativo para las inspecciones de campo. Las oficinas parecen zona de guerra. Y los obreros, esos trabajadores que sudan la camiseta y sostienen con sus manos la infraestructura del estado, llevan una década esperando la dotación de uniformes. ¡Diez años de abandono institucional! Eso no es negligencia: eso es desprecio.

Hay que reconocerle un mérito peculiar al gobernador Ernesto Luna: su juventud trajo energía renovadora, sí, pero toda esa energía la canalizó hacia la destrucción. Llegó al poder con la promesa del cambio generacional y entregó, en cambio, una gestión que haría sonrojar a cualquier administrador medianamente responsable.

¿Sala de proyectos? Eliminada.

Se producían los proyectos menores, del día a día, y algunos de mediana envergadura, mientras que los proyectos de mayor alcance se encomendaban a profesionales con excelentes credenciales. Porque para qué planificar el futuro cuando se puede vivir del caos, de la improvisación y en retroceso. ¿Plan Salud? Borrado del mapa. Ese beneficio que protegía a nuestros trabajadores y a sus familias, que les garantizaba atención en las mejores clínicas, hoy es solo un recuerdo amargo de cuando el empleado público era tratado con dignidad y respeto.

Qué capacidad tan asombrosa la de esta gestión para convertir el progreso en arqueología. No hacía falta un terremoto, no hacía falta un huracán, no hacía falta ninguna catástrofe natural para dejar a Monagas en el suelo. Solo hacía falta que llegara este liderazgo para que el óxido, la desidia y la incompetencia hicieran el resto. ¡Un aplauso cerrado para la eficiencia en reversa!

Desde 2012, lo que cayó sobre Monagas no fue una bendición renovadora sino una maldición política. Lograron lo imposible: que el estado más pujante del oriente venezolano, dotado de recursos naturales, de talento humano y de infraestructura, se convirtiese en un monumento a la desolación y al abandono.

Ernesto Luna, pasaste de ser una expectativa joven a ser la peor desgracia histórica que ha conocido el estado Monagas en tiempos recientes. No se gobierna con fotos en redes sociales. No se administra un estado con poses y declaraciones mientras las bases de la institución se caen a pedazos. La gerencia pública exige presencia, compromiso y resultados. Ninguna de las tres ha sido tu sello.

Y no podía esperarse nada diferente de quien se llenaba de orgullo al proclamarse hijo político de Yelitza Santaella y Diosdado Cabello: dos figuras que, donde pusieron la mano, dejaron ruinas y desastre, es que el chavismo todo tiene ese don anti Midas. Esa fue la escuela, esa fue la herencia y eso es exactamente lo que hoy padece Monagas.

Lo que aún queda en pie de las grandes obras que realizamos durante nuestra gestión es el testimonio silencioso de lo que fue posible cuando hubo voluntad, planificación y honestidad: el Estadio Monumental, el Distribuidor del Bajo Guarapiche, las autopistas La Vinotinto y la del frente de la Cascada. Obras que resisten, no porque el tiempo las haya respetado, sino porque fueron hechas con verdadero sentido de Estado.

Mientras tanto, la sede de la Universidad Simón Rodríguez está en extremo deteriorada. El terreno de la Ciudad Hospitalaria permanece enmontado. La autopista alterna a la Avenida Alirio Ugarte Pelayo, la Variante Norte, cubierta de maleza. Y la Torrefactora de Caripe, desmantelada a pesar de haber sido dejada con un 92% de avance, esperando una inauguración que nunca llega porque la ineptitud de estos mequetrefes no tiene límites, ni vergüenza. Monagas se merece un gobierno a la altura de su gente, de sus recursos y de su historia. Lo que hoy existe es una afrenta a todo eso. Y mientras haya quienes recuerden lo que fue posible construir, habrá también quienes exijan que se rinda cuenta por lo que fue destruido.

La vía troncal 10 tramo Maturín/ Caripito en el último estado de abandono, nunca se llevaron a cabo avances según el anteproyecto de la autopista perimetral Este, sentido Norte-Sur saliendo directo a la vía al sur (misma troncal 10, unos 15 kilómetros más adelante) para sacar flujos innecesarios dentro de la ciudad, mucho menos la continuación de la autopista La vinotinto porque obviamente sus acciones solo estan llevadas por el odio y no podían darle continuidad a una obra tan maravillosa iniciada durante mi gestión.

No puedo dejar pasar por alto la «política agroindustrial» del gobernador actual, la cual se caracteriza por la desaparición del parque agroindustrial, como muestra, allí mismo en la capital, parroquia Boquerón están los silos de El Zorro, de los cuales no quedan sino ruinas, una instalación que recibía granos de todo el estado y era eslabón importante en el auge productivo del oriente venezolano.

Continuar con este inventario del desastre sería extendernos demasiado, pero cada barrio que ha vivido a punta de pintura, un brocal aquí, y una acera allá sin tener cubiertas sus necesidades básicas de servicios, tiene su propio listado de abandono, falta de atención y cobrarán eso más temprano que tarde .

Ya no les queda tiempo para enmendar este atraso, les costará demasiado hacer una campaña basada en gestión de gobierno, serán recordados eternamente por tanta ineptitud.

Nosotros , orgullosos de lo que hicimos, seguimos la ruta del regreso de la democracia a nuestra amada patria.

¡Acción y progreso por Venezuela!

José Gregorio Briceño Torrealba

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